La caída de los precios en enero alimenta el fantasma de la deflación….

El batacazo de los precios no cesa. En apenas cinco meses, la inflación ha pasado de ser la más alta en más de una década a la menor en 40 años, el 0,8%, según el dato adelantado. En principio, son buenas noticias para los hogares españoles. Pero el dato también tiene una cruz, pues alimenta un fantasma al que los economistas temen como al mismo diablo: la deflación.

Esta palabra no significa otra cosa que la bajada generalizada de precios durante un periodo de tiempo continuado. De momento, el Gobierno y la mayoría de expertos la rechazan, pero ya hay algunos que no la descartan de plano y se plantean este escenario seriamente. Además, no conviene olvidar que durante esta crisis, la realidad ha atropellado en más de una ocasión las previsiones oficiales y particulares. Lo que no niega casi nadie, incluido el Ejecutivo, es que este año habrá algunos meses concretos con tasas negativas de inflación.

El dato que el INE publicó ayer es el índice de precios al consumo armonizado, homologable con los países de la UE. Falta por conocer la cifra definitiva (no varía en más de una décima), pero ya se puede concluir que en enero los precios han caído más de un 1% respecto al mes anterior, la sexta rebaja en los últimos siete meses.

Al conocerse el dato, el secretario de Estado de Economía, David Vegara, descartó que España esté abocada a una deflación. Un escenario en que los márgenes empresariales se reducen, el consumo se paraliza y los tipos de interés reales aumentan, lo que echaría más leña al fuego de una crisis incandescente. Así que Vegara, prefirió ver el lado positivo del dato y puso el acento sobre la ganancia de competitividad de los productos españoles “en un momento muy necesario”.

La deflación es síntoma de una persistente atonía del consumo, algo que en opinión de Vegara no está detrás del frenazo en los precios. La posición del Gobierno se sustenta en que la caída del IPC desde el verano se concentra en transporte y alimentación, sectores que transmiten las acusadas oscilaciones en la cotización interacional de materias primas como el petróleo o los cereales.

Según el INE, cerca del 60% del frenazo de diciembre (aún no hay detalles de enero) se debió en exclusiva al precio del crudo, que en 2007 rondaba los 90 dólares por barril frente a los 45 dólares que marcaba de final de 2008. Las cuentas del Ejecutivo anticipan un declive de la inflación hasta el verano, cuando las cotizaciones del petróleo se dieron la vuelta el año pasado (el brent marcó su techo en julio, con 147 dólares por barril). Y un leve repunte de los precios en el tramo final de este año.

El análisis del Gobierno se agarra también a la inflación subyacente. El índice que recoge las variaciones en los bienes y servicios menos volátiles (se excluyen la energía y los alimentos frescos) refleja también una moderación de los precios, pero mucho más contenida: el IPC subyacente mostraba una subida anual del 2,4% en diciembre y el sector servicios se situaba aún por encima del 3%.

La oposición y los sindicatos desconfían de esta teoría. Y algunos expertos, como los del Instituto Flores de Lemus, creen que la caída del consumo empieza a tener su peso en la inflación. Según su último análisis, los precios energéticos han caído menos de lo que anticiparon, lo que les lleva a pensar que hay “un error en la estimación de la inflación subyacente de cierta importancia”.

Además, la caída de la inflación echa más leña al fuego de la negociación salarial. Los acuerdos entre empresarios y sindicatos que sirven de guía para los convenios en las empresas recogen subidas de los sueldos en los que se contempla el objetivo de inflación del BCE, el 2%, una tasa que difícilmente se alcanzará a finales de este año. Esto ha servido a diferentes sectores patronales a reclamar la revisión de estos pactos, con el argumento de la “excepcionalidad” de la situación. Algo que encuentra la oposición sindical. Las centrales responden que este modelo se debió a la reclamada moderación salarial en época de bonanza y que no hay motivos para modificarlo ahora.

Y otro mal dato conocido ayer. El déficit exterior por cuenta corriente aumentó hasta noviembre un 1,5%.