Malthus 2.0: ¿Crisis financiera o colapso planetario?

En unos días en los que hay algunas voces que empiezan a opinar que la crisis en la que nos hallamos inmersos está tocando a su fin, no son nada despreciables otras opiniones que aseguran más bien todo lo contrario.

Hace poco el Banco de Santander organizó un foro en el que no pocas eminencias apuntaban a la posibilidad de que la actual crisis sea consecuencia, más que del sistema financiero, de que los recursos del planeta estén al límite de sus posibilidades.

En este sentido, los diversos expertos que intervenían apuntaban que a raíz de la revolución industrial, el planeta ha vivido una sobreexplotación de sus recursos naturales, de manera que la crisis crediticia no ha sido sino las consecuencia lógica de un intento a la desesperada de continuar con un ritmo que los recursos del planeta, simplemente, no son capaces de aguantar.

Si la pregunta es “¿es el planeta Tierra una fuente inagotable de recursos?” la respuesta parece obvia. No hay planeta en el universo que aguante indefinidamente una devoración de recursos exponencial como la que estamos protagonizando los seres humanos. Si es el momento en que nuestro planeta ha dicho “basta”, quizás no es algo que esté tan claro. Pero sí que tarde o temprano tendremos que encontrar la manera de cuidar entre todos de que los recursos que nos sostienen no se vuelvan contra nosotros. Y eso pasa inevitablemente por algo tan simple pero a la vez tan complicado como es ponernos de acuerdo los países que lo habitamos. Si no, con un poco de suerte aún estemos a tiempo de hacer las maletas.

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Stress Test a la banca de EEUU

Justo ayer a las 10 de la noche se publicó el resultado del Stress Test a la banca estadounidense. Este test indica la capacidad de los principales bancos de los Estados Unidos para aguantar una hipotética crisis peor.

El resultado del test indica que estos bancos necesitarían 74.600 millones de dólares de la Reserva Federal como colchón, si bien ninguno de ellos se encuentra en situación de insolvencia. 

Más allá de los titulares de todos los periódicos en el que anuncian la cantidad de dinero que necesitarían estas entidades, el test es un claro ejemplo de medidas para aumentar la confianza en el sistema financiero al aumentar su transparencia. En primer lugar cuantifican el riesgo de los bancos ante un escenario hostil, perfectamente asumible por la Reserva Federal. Además nos está informando que ninguno de ellos se encuentra en situación de insolvencia, y que aún llegando el peor de los escenarios, 10 de los 19 bancos analizados no necesitarían ayuda alguna. En palabras del mismo Timothy Geithner, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, esta transparecia “hará posible que fluya más dinero hacia el sistema financiero, hará que resulte más fácil recaudar nuevo capital de fuentes privadas.”

Definitivamente los EEUU parece que apuestan por que para salir de una crisis provocada por la desconfianza, la mejor solución es la confianza. No sé qué opináis vosotros, pero creo que es una linea muy distinta a la que están siguiendo los políticos de nuestro país, en el que cada mes (por no decir cada semana) se ven obligados a desmentir las cifras del mes anterior.

Meteorología y Economía

Meteorología y Economía

¿Lloverá mañana? ¿Y pasado mañana? ¿Y de aquí a un año?

Todo el mundo escuchamos atentamente las predicciones meteorológicas para los próximos días. Sin embargo a ningún meteorólogo le pediríamos que nos pronosticara si va a llover o no de aquí a un mes o de aquí a un año. Los meteorólogos lo tienen muy claro: si bien los métodos numéricos para el cálculo de las predicciones meteorológicas están muy avanzados, las predicciones se basan en muchas variables que escapan a nuestro control, por lo que el horizonte temporal de validez de estas predicciones es, en el mejor de los casos, de pocos días.

Justo hoy estaba repasando mis primeros apuntes de economía cuando vi una nota en grande que ponía “La economía estudia el comportamiento del hombre, apelando a su racionalidad,…” ¿Desde cuándo es racional nuestro comportamiento? ¿Desde cuándo no nos influyen los estados de ánimo, la subjetividad de las marcas, el sentimiento de euforia o el miedo en las decisiones económicas que tomamos como personas? Como bien dijo Jesús, la economía no es sino un “modelo” de la realidad. Según mi opinión, estos modelos pueden predecir gran parte de los cambios que se pueden producir en un entorno económico habitual, y en un horizonte cercano. Pero poco puede hacer para predecir situaciones a largo plazo, en un sistema basado en su mayoría por la confianza de todos los agentes. Y menos aún en un entorno como el actual donde el miedo al despido o a continuar en el paro reinan nuestras vidas.

Es por eso que la economía no deja de ser como la meteorología. Una modelización de la realidad. Una realidad que depende de muchas variables fuera de nuestro control que hace que los modelos que podamos idear tengan un alcance muy limitado. Y si la meteorología se basa en variables más o menos cíclicas a lo largo de las estaciones, la economía se fundamenta en variables tan impredecibles como el comportamiento humano. Y luego esperamos que venga un gurú de la economía y nos diga lo que va a durar la crisis.

Predicciones que desmienten las anteriores, y datos desmienten a las predicciones; es el pan nuestro de cada día. De todas esas predicciones que surgen día sí y día también en los medios de comunicación acerca de cuándo vamos a salir de la actual situación, a aquellos que más me creo es a los que, en una muestra de humildad propio de la meteorología, dicen que “no lo saben”. No deja de ser como preguntar a un meteorólogo si va a llover de aquí a un año. En este sentido, además, preguntaría antes a un sociólogo que a un economista.

Por todo ello, más que el PIB, la tasa de inflación, u otros indicadores económicos, creo que si hay algún indicador hacia el cual yo volvería la vista es el de la confianza del consumidor. En este sentido, un primer dato que me parece “menos malo” ha sido el hecho de que el indicador de confianza del consumidor elaborado por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) aumentó en abril en 8,2 puntos con respecto a marzo. No es el final de la crisis, pero sí un rayo de sol en mitad de la borrasca en la que estamos inmersos. ¿Quizás el ojo del huracán?

La Triple Crisis Española

Es un hecho indiscutible que en estos días nos bombardean con noticias económicas en todos los medios de comunicación. Además, en esta situación de incertidumbre, a todo el mundo le preocupa su futuro, por lo cual los españolitos de a pie nos hemos visto transformado en expertos improvisados en economía, a medida que nos iban llegando noticias a cual más desalentadoras procedentes de EEUU, de los mercados de valores, del INEM, y de todo tipo de fuentes.

Sin embargo, no hay que ser ningún experto en economía para entender que en España, esta crisis nos está afectando especialmente. Por ejemplo, las tasas de desempleo duplican las de la Unión Europea y en destrucción de empleo somos los segundos sólo por detrás de Letonia, según datos del Eurostat (http://www.finanzas.com/noticias/economia/2009-03-16/100985_destruccion-empleo-europa-acelero-ultimos.html).

Por esta razón me gustaría retrotraerme durante unos instantes tres años atrás, antes de que tuviéramos ningún indicio de la que se nos venía encima. Corrían principios del año 2006 cuando los precios de los pisos estaban en pleno auge. Sin embargo todos los expertos nos avisaban: ya tocaba una crisis inmobiliaria. El esfuerzo en la compra de una vivienda en España doblaba a los de las de otros países del “primer mundo”, y no sólo eso, sino que el ciclo de bonanza en el sector, que tradicionalmente había sido de unos 10 años, ya rondaba los 15, por lo que una posible crisis parecía estar a punto de llamar a las puertas de un país cuyas familias tenían invertidos la mayor parte de sus ahorros precisamente en vivienda. Afortunadamente por aquel entonces el dinero fluía y las deudas de las familias perdían protagonismo a medida de que sus propiedades aumentaban de valor.

Sin embargo no era el único problema que se nos avecinaba. Según los datos que iba publicando la Comisión Europea, España estaba cada vez más asentada en la cola de Europa en productividad laboral (http://www.expansion.com/2007/11/21/economia-politica/economia/1060349.html). Esto estaba provocando ya que muchas multinacionales, entre ellas empresas dedicadas a la automoción, fueran cerrando plantas en nuestros territorios, para llevárselas a otros países más productivos y con una regulación laboral más flexible. Ya eran dos las espadas de Damocles que tenía España sobre su cabeza. A pesar de ellos, las familias españolas todavía conservaban sus trabajos por regla general, y sus ahorros, seguían revalorizándose. Sin embargo, sólo faltaba un pequeño empujoncito para que se rompiera la cadena.

Y el “pequeño” empujoncito llegó poco después. En un primer momento en forma de restricciones de crédito que la mayoría de la gente no acabábamos de entender del todo. Poco después, todos ya sabíamos lo que eran las “sup-prime”, los Lehmann Brothers y compañía. Qué os voy a contar que nadie preocupado por su futuro sepa. Ya teníamos encima la tercera de las crisis que ha acabado por dañar la economía del país, la crisis crediticia internacional. Con las restricciones del crédito, las viviendas dejaron de subir, y los ahorros de los españoles a mermar. Y más aún cuando a medida que las empresas no tenían liquidez se iban viendo obligadas a cerrar y a dejar cada vez más y más españoles en el paro. Y si yo, como empresa multinacional, voy a tener que cerrar una planta, ya sea por falta de liquidez o por la caída del consumo, la cerraré de aquel lugar que me sea menos productiva. Todo cuadra.

Por estos días, no sólo ya hemos entrado en recesión y estamos a las puertas de la deflación, sino que no nos quitamos de encima ninguna de las dos crisis endémicas: ni la crisis de productividad ni la crisis del ladrillo. De hecho, según el último informe de Situación Inmobiliaria en España del servicio de estudios del BBVA (http://serviciodeestudios.bbva.com/KETD/fbin/mult/ESIES_0812_Situacioninmobiliaria_24_tcm346-183823.pdf), el exceso de oferta de viviendas durante todo el 2008 aún ha seguido aumentando, lo que quiere decir que ni siquiera se ha invertido la tendencia todavía.

Esta no es sino otra opinión de otro españolito de a pie más que está preocupado por su economía. Sin embargo, no me ha hecho falta ser el presidente del FMI ni del BCE para darme cuenta de que la crisis internacional no es más que una parte de un problema más grande que tenemos en España encima. Una crisis internacional, sí, pero que unida a las otras dos que llevábamos ya en el equipaje de mano, no creo que nos sitúe en una posición muy favorable en el panorama internacional.