Expertos señalan que se debe fomentar el made in Spain de lujo

España necesita fomentar la creación de nuevas marcas de alta gama para poder competir dentro de este sector con países europeos que mueven este sector, como son Francia e Italia.

El problema de España es que hay pocas marcas locales, y se necesita que haya más firmas, defendió Claudia D’Arpizio, socia de la consultora Bain & Company, que presentó ayer en el Museo Thyssen-Bornemisza, junto a Círculo Fortuny y El Corte Inglés, el estudio Spanish Excellence: Today & Tomorrow.

El made in Spain se sitúa por detrás de otros países con un mayor reconocimiento internacional en la alta gama personal: las ventas de marcas españolas en el mundo en 2016 representaron 1.500 millones de euros, frente a los 62.000 millones de las firmas francesas y los 55.000 millones de las italianas.

Resultado de imagen de marcas de lujo en españa

El sector del lujo y la alta gama es uno de los motores de crecimiento económico, que movió el año pasado en España 9.200 millones de euros, un 9% más que en el ejercicio anterior, según datos de la citada consultora, que calcula que las ventas podrían crecer hasta los 21.000 millones en 2025, siempre y cuando se tomen las medidas adecuadas para impulsar la marca España. “A los turistas les gustaría invertir dinero en producto de alta gama española, pero este sector tiene que tener en cuenta la experiencia de compra”, prosiguió D’Arpizio, quien hizo hincapié en los puntos fuertes de España como destino de salud y bienestar por sus campos de golf o spas, o por su oferta gastronómica.

El gasto en hoteles y restaurantes de alta gama creció el 7% hasta los 1.800 millones, según el citado informe, que destaca que aunque este segmento es menos “exclusivo” que en otras ciudades europeas, existen “islas de excelencia” que España puede aprovechar como factor diferencial. Entre esos factores destaca la alta cocina, que movió 149 millones y que incluye 187 restaurantes con estrella Michelin. Los productos gourmet ingresaron 1.500 millones de euros, un 5% más, con dominio de operadores locales y con una importancia cada vez mayor de las exportaciones.

 

Fuente: elaborado por Diego Morales a partir de CincoDías

 

Branding y los problemas de errores de traducción

Este interesante artículo de Puro Marketing trae el tema de cómo al escoger el nombre de una marca es imprescindible pensar globalmente y entender cómo ese nombre será “traducido” o interpretado en los diferentes idiomas.

Por su importancia para los propósitos docentes de este espacio reproducimos el post. 

Llama su antención espcialmente a la problemática en el mercado chino.

El mercado es una cuestión cada vez más global. Las compañías del siglo XXI están obligadas a mirar más allá de su ubicación original a la hora de enfrentarse al futuro porque una sociedad más globalizada significa también un mercado en el que las fronteras son menores. Las pequeñas compañías incluyen la internacionalización en sus planes de negocio y las grandes empresas lanzan sus productos de forma masiva. Cada novedad de su portfolio llega de forma simultánea a un gran número de países.

En este terreno de juego, pensar de forma global debe ser no ya una recomendación sino una obligación. Si un producto va a llegar a varios mercados, geográfica y culturalmente distantes, debería, por fuerza, estar pensado para que responda a las necesidades de uso de los consumidores de todos esos mercados y para que cumpla unos ciertos mínimos en todos y cada uno de ellos. Y, en cuestiones de mínimos, la imagen corporativa es un pilar básico a la hora de lanzar cualquier producto. Las empresas deben pensar en cómo funcionará su packaging, su logo o los colores corporativos en los diferentes mercados pero, sobre todo, debe ser consciente de todos los lugares a los que va a llegar y todos los idiomas en los que se presentará el producto a la hora de escoger su nombre. En un mercado global, un traductor es una figura muy importante a la hora de hacer branding.

No pensar en cómo sonará el nombre del producto y, especialmente, en los significados que el nombre de marca puede tener en otras lenguas más allá de la propia es, de entrada, un error a la hora de hacer branding. El nombre de la marca puede enfrentarse a muchos problemas. El primero, y el menos grave, es que los consumidores tengan problemas para escribir o decir el nombre del producto. Sucede, por ejemplo, con los diferentes muebles de Ikea y sus nombres en sueco. La compañía nórdica ha sabido, sin embargo, salir muy bien al paso de esa situación. Los curiosos nombres de estanterías, mesas o utensilios de cocina se han convertido, con el paso del tiempo, en una especie de broma entre la marca y el consumidor.

El segundo problema, y el más grave, es que el nombre elegido durante el proceso de branding tenga un significado no muy agradable en otros idiomas y que la empresa se vea obligada directamente a cambiarlo.

 

Ejemplos de situaciones reales

Lumias y chachas

Ocurrió con algunos de los últimos lanzamientos de smartphones en España. Uno de los grandes lanzamientos de 2011 de HTC fue un teléfono inteligente con una mejor integración con Facebook que los demás terminales que había en ese momento en el mercado. El dispositivo fue presentado en la edición de aquel año del Mobile World Congress, para chufla de los periodistas hispanohablantes. El terminal se llamaba Chacha, aunque a España nunca llegaría con ese nombre. La firma asiática lo reconvirtió en HTC Chachacha por el camino.

Nokia Lumia

Algo similar sucedió con la serie Nokia Lumia. Durante su presentación, uno de los temas favoritos de las conversaciones iniciadas en Twitter por los periodistas españoles de tecnología fue el significado de su nombre. ¿Lumia no recordaba a algo?

Una lumia es una prostituta en lenguaje popular, como bien descubre cualquiera que busque la marca en el diccionario de la Real Academia Española.

La compañía, sin embargo, no llegó a cambiar el nombre de la serie de dispositivos, los primeros con Windows Phone como sistema operativo. Posiblemente pesó a su favor el hecho de que la palabra no fuera de uso corriente y estuviese ligeramente desfasada (además de lo complicado que resultaría que toda la gama de terminales tuviese un nombre radicalmente diferente en los mercados hispanohablantes).

Mitsubishi Pajero

No eran las dos primeras marcas en meter la pata con sus nombres de marca en el mercado hispanoahablante. Antes habían fallado muchas otras marcas, como Mitsubishi, uno de los casos más populares, que había puesto a uno de sus todoterrenos Pajero, para crear reminiscencias con el nombre de un felino. Puede que en el resto de mercados alguien pensase inmediatamente en un felino, pero con ese nombre eso no iba a ocurrir en ningún mercado en el que se hablase español. Los Pajero se llaman en España, Estados Unidos y Latinoamérica Montero.

China: el hueso duro de roer

Pero el principal mercado en el que las empresas se enfrentan a problemas de traducción es el de China, donde las marcas deben hacer frente a problemas culturales, a un cambio de alfabeto (e incluso de sistema de escritura: las letras se convierten en ideogramas) y a una importante dificultad en la traducción. Algunas marcas acaban traduciendo su significado, es decir, lo que su nombre quiere decir por la palabra china que significa lo mismo. Otras intentan hacerlo de forma fonética, adaptando los sonidos de su nombre al chino. Y ahí es donde existen más problemas.

Los sonidos pueden significar muchas otras cosas en chino. Lufsig es uno de los productos más divertidos de la zona infantil de Ikea: un lobo feroz de peluche acompañado de una muñeca de la abuelita (que puede, por cierto, comer, literalmente). Su nombre, traspasado al chino, sonaba comola palabra que designa “las partes privadas de una madre” y tuvo que ser cambiado. Y KFC intentó traducir su eslogan para mantener su juego de palabras del inglés en chino y lo que tendría que ser algo como para chuparse los dedos acabó siendo comerse los dedos.

Coca-Cola, que tiene ahora un nombre en Chino con un significado muy en línea con sus valores de marca (viene a significar algo así como felicidad que estalla en tu boca), fue, en sus primeros intentos por entrar en el mercado chino, “muerde el renacuajo de cera”. El nombre no llegó a ser usado comercialmente, en un ejemplo de lo mal y lo bien que se puede hacer en una adaptación del branding en el mercado global. Sus empleados intentaron, en los años 20, encontrar la fórmula para convertir los sonidos del nombre al chino y consiguieron este terrible resultado, aunque se dieron cuenta rápidamente de su significado y lo acabaron desechando.

Su competencia, por cierto, tampoco lo ha tenido muy fácil a la hora de adaptarse a China. Pepsi quería llegar a ese mercado con un eslogan que tendría que significar que la bebida te traía de vuelta a la vida (de una forma metafórica) pero se quedó en que Pepsi traía de entre los muertos a tus ancestros (de una forma literal).

Un mal nombre puede acabar con todo

La cuestión de adaptar el nombre al mercado no es simplemente una forma de mostrar cierto respeto cultural al consumidor de otro país, sino también una manera de blindarse contra el fracaso. Un nombre con significados discutibles puede ser una estocada mortal para una marca, como le pasóa Panasonic en los 90 con la campaña de una revolucionaria entonces pantalla táctil para el mercado del hogar.

Panasonic había creado un personaje animado, Woody Woodpecker, que anunciaría masivamente en Estados Unidos la pantalla, bajo el eslogan “toca a Woody”. Lo que no sabían los responsables de marketing de la firma japonesa es que Woody recordaría inmediatamente al consumidor estadounidense a la palabra wood, que es un nombre de argot para pene. Su eslogan tenía, por tanto, muchas connotaciones y la campaña tuvo que ser abortada prácticamente en el momento en el que iba a entrar en el mercado. La pantalla táctil fue, quizás por eso, un auténtico fracaso de mercado.

Conclusión.

Para las empresas y más para los emprendedores, escoger el nombre de una marca es uno de los más preocupantes momentos. No siempre el nombre para la marca escogido tiene éxito. Muchas veces el nombre al ser consultado en internet ya está escogido como dominio. Otras veces, es un nombre que nos gusta pero que en otros idiomas tiene un significado muy diferente. En estos casos hay que considerar que si la expansión de la empresa está prevista en el mediano plazo es preferible adaptar el nombre a los posibles mercados a los que se quiere expandir la empresa para no hacer gastos innecesarios en branding y posicionamiento.

 

Este excelente artículo fue publicado inicialmente en Puro Marketing a los que agradecemos su contribución al conocimiento del Marketing