España, en el núcleo europeo del despido barato

La reforma deja la última palabra al juez para evitar que aumente el paro y forzar a la empresa a bajar salarios

La reforma laboral tiene un solo objetivo: abaratar los costes laborales en todas sus dimensiones. Se trata de romper la maldición de nuestra economía que nos ha forzado a salir de las cuatro recesiones (1974, 1981, 1993 y 2008) con el doble de paro que nuestros competidores. El motivo es que es más fácil despedir que bajar salarios o mover horarios o cambiar de tarea. Por esta razón se ha diseñado una reforma que no pone el énfasis en el despido, sino en la negociación colectiva para facilitar a las empresas que puedan ajustar los salarios y las condiciones laborales.

Formalmente no hay duda que la reforma abarata el despido. La reforma socialista introdujo el despido de 33 días de indemnización por año trabajado en los contratos de Fomento. España se situó en el puesto 14 en el ranking europeo. La reforma del PP ha reducido esta distancia a la mitad y nos sitúa entre los siete países con el despido más bajo de la eurozona, al generalizar los 20 días por año trabajado.

Además de reducir los días de la indemnización, clarifica las causas e introduce la opción de justificar un despido por un descenso persistente de ingresos (tres trimestres consecutivos).

A pesar de todo ello, en la práctica, mantiene una cuestión fundamental y es que la última palabra la tiene el juez. Aunque ha clarificado las causas, mantiene su subjetividad, y tradicionalmente los magistrados de lo social han fallado en favor del trabajador. Por si no fuera suficiente esta barrera, elimina por decreto el despido exprés. Una fórmula que se introdujo en la reforma Aznar en el 2002. Todas las reformas realizadas desde 1997 han ido dirigidas sin ningún éxito a abaratar la indemnización de 45 días por año con un máximo de 42 mensualidades. El motivo ha sido que es más fácil para el empresario despedir que negociar.

La Vanguardia

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