Amazon, ¿Es tan grande como parece?

Seguramente en algún momento de tu vida has comprado algo en Amazon, el comercio online esta sin duda alguna en un inexorable crecimiento y la compañía estadounidense esta arrasando en este sector. Intuimos que el tamaño de esta empresa es enorme, ahora revelaré algunos datos que pueden ayudar a desvelar la verdad.

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Primero hablare de empleados, Amazon empezó en 1994 con 1 solo empleado, su fundador Jeff Bezos, 23 años mas tarde, en 2017 la compañía tenía 566.000 empleados en todo el mundo. Para que veas el significado de esta cifra, Inditex tiene aproximadamente 150.000 empleados.

Amazon está en tercer lugar en el ranking de empresas más valiosas del mundo, en el primer trimestre de 2017, la empresa obtuvo unos beneficios cercanos a los 725 millones de dólares americanos. Los ingresos netos mundiales de Amazon en el segmento de establecimientos físicos en 2017 llegaron a los 5,8  miles de millones de dólares americanos. No hay duda que la empresa mueve mucho dinero, pero aun queda por revelar el volumen de ventas netas en 2017, 160.410.000.000 dólares americanos. Esta es una cifra que no deja indiferente a nadie.

Comprar online se está convirtiendo en una práctica habitual y con una mayor penetración sobre el total de la población, se habla de 1.600 millones de usuarios en todo el mundo que han hecho compras en Internet, gastando casi 2 billones de dólares, cifra que se estima podría duplicase para el tan esperado 2020. Esto puede suponer un aumento muy notable en el gigante estadounidense. Actualmente Amazon tiene unas 304 millones de cuentas activas, las cuales podrían duplicarse en unos años.

La duda que esta actualmente en el aire es sobre el futuro de la compañía, ¿hasta dónde podrá seguir creciendo Amazon? ¿ Hay algún limite? Algunos piensan que Amazon acabará explotando, y afectando de esta forma a la economía mundial, otros opinan que acabará monopolizando todos los sectores, cosa que ya está empezando ha hacer con sus servicios de streaming de video, música, etc.

 

Elaboración propia

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El turismo en Barcelona genera un 18% de la facturación en comercios.

El turismo en Cataluña, y sobretodo en Barcelona es un gran motor económico, casi 20 millones de turistas visitan Barcelona al año, la metrópolis Catalana aloja ferias muy importantes como el Mobile World Congress y otros eventos de gran magnitud que contribuyen a el desarrollo turistico-económico de la ciudad.

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En el conjunto de la capital catalana, aproximadamente un tercio del comercio urbano factura más de un tercio al segmento turístico. En paseo de Gràcia, plaza Catalunya, Portal de l’Àngel, Portaferrissa y las calles del Born, el 61% de las ventas corresponden a turistas. De media, las compras turísticas representan algo más de un 18% de lafacturación del comercio barcelonés, según el estudio realizado por RBD Consulting Group. El efecto directo de los 33 millones de turistas que visitan anualmente la ciudad se sitúa alrededor de los 2.000 millones de euros. Sumado el efecto indirecto y el inducido llega a los 3.880 millones de euros.

Según el informe de impacto socioeconómico presentado por Barcelona Oberta, el 19% de los negocios del centro de Barcelona tendrían que cerrarsi no fuera por las ventas a turistas. Esto supondría1.200 locales cerrados. Otros tantos dicen que no sería seguro, pero probablemente también bajarían la persiana si perdieran a los visitantes. Muchos de ellos han visto en los que pasan unos días en la ciudad como el revulsivo.

El director del estudio, Roger Gaspa, asegura que “el turismo de compras ha permitido compensar la caída de las compras de los residentes entre los años 2010 y 2015, especialmente en productos de moda y complementos”. Mientras el gasto de los residentes del área metropolitana de Barcelona bajó un 12% durante esos cinco años de crisis y de eclosión del comercio digital, el valor del desembolso realizado por turistas subió un 42,8%.

Editado: Jordi Gavaldà

Fuente: lavanguardia.com

Australia a favor del libre comercio

Tras anunciar Trump el pasado jueves, una subida del 25% en los aranceles de las importaciones de acero, y el 10% a las de aluminio en algunos países, provocó que los gobiernos de varios países defendieran el libre comercio y se opusieran a la decisión tomada, como lo hizo Malcolm Turnbull, primer ministro australiano.

El político australiano afirma que: “el libre comercio significa más trabajo en Australia y más oportunidades para las exportaciones.”

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Steven Ciobo, ministro de Comercio de Australia también explicaba a periodistas en Sídney que: “La imposición de un arancel como este no hará más que distorsionar el comercio y, en última instancia, creemos que conducirá a una pérdida de empleos”.
Más tarde agregó: “Me preocupa que, a raíz de acciones como esta, podamos ver represalias implementadas por otras economías importantes. Eso no es de interés de nadie”.

Por otro lado, el Fondo Monetario Internacional ha afirmado que los aranceles pueden dañar la economía estadounidense, al tiempo que la Unión Europea, Canadá o México contemplan represalias, lo que podría desencadenar una guerra comercial.

Aún así, el Gobierno australiano esta intentando aclarar con el Gobierno estadounidense, si finalmente ellos quedan eximidos o no, de la decisión de los aranceles tomada  por Trump.

Elaboración propia a partir de EleconomistaReuters

 

 

 

 

Auge del sector servicios: abrieron 10.939 nuevos negocios en 2016

 

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En el pasado año, las aperturas de nuevos negocios en España subieron como la espuma. Se abrieron 10.939 comercios y se crearon 1911. (Según datos de 1187, uno de los socios de QDQ media, sobre las pymes)

Más del 25% de los nuevos comercios corresponden al sector de la restauración. Para ser más exactos, se inauguraron en el pasado año 2.205 restaurantes.

Las nuevas aperturas de restaurantes, apuestan por ofrecer al cliente productos nacionales, ya que lo que más se solicita es la comida mediterránea y las tapas típicas, que han originado ingresos del 41%, en relación del total.

Si nos fijamos en las aperturas por provincias, Madrid se lleva el primer puesto, en cuanto restaurantes y otros negocios. Reúne el 48% del total de los restaurantes que se han abierto, 768 nuevos comercios más que Barcelona, que va detrás suyo, con un 14%. La ciudad con más restaurantes nuevos abiertos fue Tres Cantos, situado en Madrid. Se abrieron 11 establecimientos. Y si lo analizamos por calle, también la encontramos en Madrid, en Ponzano, con 8 locales.

Pero por otro lado, Madrid también encabeza la clasificación de cierres en España del pasado año. Se han cerrado 1911 locales, con el 57% en la capital (1083 establecimientos menos). En segunda posición, Barcelona con 201 locales y Valencia tercera con 57.

Siguiendo la misma línea en el sector restaurantes, se han registrado 633 clausuras en Madrid, 50 en Barcelona y 17 en Valencia.

Se ha de destacar que muchas de las nuevas aperturas han sido comercios orientados al bienestar y belleza, al rededor de 1100 centros abiertos entre Madrid Barcelona y Valencia. En cifras destacamos que el 28% son centros de belleza, 13,4% herbolarios y 12,9% psicólogos.

Fuente: Elaboración propia a partir de: El Economista

Los efectos comerciales de la independencia

Cataluña es un país muy abierto al exterior. Tanto la facturación catalana fuera de Cataluña como las importaciones provenientes del exterior (incluida el resto de España) son superiores al 60% del PIB catalán. El grado de apertura exterior de la economía catalana es, sin embargo, el grado que nos corresponde dado el tamaño de nuestra economía.

El comercio catalán muestra una preocupante dependencia del mercado español: aproximadamente el 50% de las exportaciones catalanas tienen el resto de España como destino. Los países europeos con tamaño similar a Cataluña muestran una mayor diversificación en el destino y origen de sus transacciones exteriores.

Un factor fundamental para entender la desproporcionada importancia del mercado español en el comercio catalán son las inercias creadas por el hecho de que la economía española permaneció cerrada al exterior durante gran parte del siglo XX. Un segundo factor importante para entender esta dependencia es la política de infraestructuras llevada a cabo por el Estado español, que se ha negado en repetidas ocasiones a financiar ciertos proyectos de infraestructura claves que habrían facilitado el comercio entre Cataluña y el resto de Europa. Un claro ejemplo es el reforzamiento del corredor mediterráneo. Una política de infraestructuras centralizadora conduce naturalmente a una centralización en los flujos comerciales.

La actual situación no debe ser permanente. A lo largo del tiempo, las inercias del pasado se irán diluyendo hasta alcanzar un equilibrio en el que Cataluña tendrá un grado de diversificación similar al de otros países y donde las transacciones con España deberían representar un porcentaje menor del total de ventas catalanas en el exterior. Aunque este proceso de diversificación podría ser considerablemente lento, de hecho ya es perceptible en los datos agregados del comercio catalán: el porcentaje de exportaciones catalanas con destino al resto de España ha bajado del 57% al año 2000 hasta el 47% en el año 2011.

Un proceso de independencia podría reducir el comercio entre Cataluña y el resto de España y acelerar este proceso natural de diversificación de mercados. ¿Qué pasaría si de repente dejáramos de vender en España antes de encontrar compradores en el resto del mundo? Qué efectos tendría esto para la economía de Cataluña? Esta preocupación es legítima y, dándose cuenta de ello, ciertos partidos políticos y sus analistas han tratado de atemorizar a los catalanes con cálculos catastrofistas que pronostican caídas del PIB catalán del 9, 16 o incluso 19 por ciento del PIB catalán. ¿Son verosímiles estas predicciones? Nuestra respuesta es un claro y contundente NO.

El punto de partida de los cálculos más catastrofistas consiste en señalar que las exportaciones catalanas al resto del Estado español constituyen una cifra superior al 30% del PIB catalán. Si la independencia conlleva una caída muy significativa (por boicots o animadversiones) en las compras de productos catalanes, se argumenta, el coste en términos del PIB catalán puede ser muy elevado también.

A menudo se olvida, sin embargo, que las exportaciones son una medida de producción o facturación y por tanto su valor incorpora no sólo el valor añadido por los exportadores, sino también el valor de los bienes intermedios utilizados en su producción. Algunos de estos bienes intermedios son producidos en Cataluña, pero otros son importados del extranjero (hay que recordar que dos tercios de las importaciones catalanas son bienes intermedios). Como consecuencia, el porcentaje efectivo de valor añadido o PIB catalán incorporado en las exportaciones catalanas en el resto de España es significativamente menor y se ha estimado en un 22.5% del PIB.

A menudo se olvida, también, que los bienes que no se puedan vender en el resto de España no se lanzarán a la basura. Los empresarios catalanes no se quedarán de brazos cruzados e intentarán vender su producción a mercados alternativos. Quizás a un precio rebajado, pero en todo caso a un precio positivo. Como consecuencia, la pérdida de valor añadido asociada con una caída de las ventas en el mercado español depende de la rebaja de precio que se debería hacer para vender estos productos al resto del mundo.

Para generar caídas del PIB del 9% como consecuencia de la independencia se ha de suponer que las exportaciones catalanas en el resto de España bajarán un 80% y que los productores catalanes deberán vender estos bienes a otros países a mitad de precio. De esta manera el boicot afectaría al 0.8 x 22.5 = 18% del valor añadido o PIB catalán, y de este valor añadido perderíamos una rebaja equivalente a 0.5 x 18 = 9%. Afortunadamente, estas hipótesis son simplemente absurdas y, por tanto, las cifras que generan también lo son.

Es inverosímil que las exportaciones catalanas en el resto de España llegaran a bajar un 80%:
a/ En primer lugar, un boicot de este tamaño tendría consecuencias gravísimas para la economía española y por tanto las amenazas de boicots sufren el mismo problema que las amenazas de dejar Cataluña fuera de Europa: no son creíbles. Es decir, ahora les interesa anunciarlas, pero cuando llegue el momento, debido a sus propios intereses encontrarán difícil llevarlas a cabo.
b/ En segundo lugar, es difícil pensar que los consumidores y empresas españolas hicieran boicot a las empresas multinacionales localizadas en Cataluña como Nestlé, BASF, Volkswagen, Nissan o Repsol porque sería difícil distinguir si los productos de estas empresas provienen de Cataluña o de otros lugares y los mismos españoles no querrían perjudicar las empresas de sus socios europeos (como Volkswagen) y, aún menos, sus propias (como Repsol). En 2006, el conjunto de empresas multinacionales con sede fuera de España aportaron un 40% de la facturación manufacturera catalana y un porcentaje no menor de las exportaciones catalanas. Esto quiere decir que un boicot a los productos catalanes difícilmente afectaría a más del 60% de las ventas en España.
c/ En tercer lugar, es razonable pensar que habría una mayor propensión al boicot por los bienes de consumo que los bienes de capital o intermedios. Los datos de exportaciones catalanas de 2011 muestran que sólo un tercio de las exportaciones catalanas están asociadas con bienes de consumo. Por tanto, en un caso extremo en el que el boicot afectara al 50% de los bienes de consumo y el 20% de los bienes de capital e intermedios producidos por empresas con capital mayoritariamente catalán, la caída de las exportaciones en el mercado español sería sólo del 0.6 x (1/3 x 50% + 2/3 x 20%) = 18%. Nosotros pensamos que los consumidores y empresas españolas son racionales y que por tanto no habría boicot. Pero quizás nos equivocamos. En cualquier caso, es muy improbable que un boicot afectara más del 18% de las exportaciones catalanas en el resto de España.

La evidencia empírica sugiere que la rebaja media de precio necesaria para vender los productos catalanes potencialmente boicoteados por España en el resto del mundo se encuentra en una horquilla que va del 10% al 40% siendo el 25% el valor utilizado por la mayor parte de economistas. Para calcular la incidencia sobre el PIB catalán también se debería tener en cuenta la parte de los costes de los servicios asociados con transportar estos bienes y servicios a los mercados extranjeros que no son pagados a empresas catalanas. Estimamos que estos costes pagados a extranjeros, que equivalen a una reducción en el precio neto de venta, serían como mucho un 10% del valor de las exportaciones.

Estas observaciones nos llevan a la conclusión de que, en el peor escenario posible, nos encontraríamos con una caída de ventas del 18% y necesitaríamos un rebaja del 40 + 10 = 50% en el precio para recolocar estas ventas. En este escenario tan pesimista la caída en el PIB catalán sería del 0.18 x 0.5 x 22.5 = 2.0%. En el caso más plausible en que la rebaja en el precio fuese sólo del 25 + 10 = 35%, la caída en el PIB catalán sería del 0.18 x 0.35 x 22.5 = 1.4% del PIB. ¡Y esta cifra se obtiene asumiendo que los bienes de consumo catalanes sufrirían un boicot casi 10 veces (60% vs. 6.5%) más elevado que el que sufrió el cava en 2005! En definitiva, cualquier escenario razonable indica que los efectos comerciales de la independencia tendrían un impacto muy pequeño sobre el PIB catalán, especialmente en comparación con el dividendo fiscal de la independencia, que recordemos es superior al 8% del PIB.

Algunos analistas han dibujado un escenario aún más catastrofista en la que una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea, presumiblemente por el voto en contra de España. Para seguir en el mercado único y mantener la libre circulación de mercancías (es decir, por no pagar aranceles) Cataluña no necesitaría formar parte de la UE. Sólo debería firmar acuerdos bilaterales como los que tiene Suiza. Y los tratados de la UE estipulan que los acuerdos bilaterales de este tipo no exigen unanimidad, sino una mayoría cualificada. Además la legislación europea permitiría comenzar a negociar estos acuerdos antes de que Cataluña se convirtiera en un estado soberano.

A menudo se menciona que la independencia podría tener efectos sobre la localización de las empresas. Para contestar esta pregunta hay que preguntarse primero: ¿por qué querrían marcharse las empresas de Cataluña? Naturalmente, ante un escenario catastrófico de boicots generalizados donde las ventas al resto de España bajaran un 80% y el PIB catalán cayera un 9% es concebible que algunas empresas decidieran evitar el boicot todo “saltando la valla”. Hay que recordar, sin embargo, que la deslocalización es un proceso que conlleva costes fijos muy elevados que sólo serían amortizados si las empresas esperaran unos boicots de muy larga duración. Además, como hemos explicado antes, un escenario donde las ventas al resto de España cayeran un 80% es simplemente absurdo. Si el boicot terminara resultando en una caída pequeña del PIB, el efecto sobre la deslocalización de las empresas también sería pequeño

¿Podría ser que las multinacionales no quisieran quedarse en Cataluña por que nuestro mercado sería demasiado pequeño? Algunos de los países que han captado grandes flujos de inversión directa en los últimos años, como Irlanda o Bélgica, tienen economías de tamaño similar a la catalana. De hecho, las multinacionales sólo se preocupan del tamaño de una economía cuando esta economía está cerrada al exterior. Si como hemos argumentado antes, la caída en el comercio catalán fuera pequeña y además tuviera un efecto prácticamente nulo en las empresas con marcas extranjeras (como son las multinacionales), de nuevo el argumento del tamaño pierde fuerza.

Esto no significa, sin embargo, que en una Cataluña independiente no habría deslocalizaciones, movimientos de sedes en Madrid o cierres de empresas. Claro que habría, al igual que ha habido y  continuaría existiendo si Cataluña siguiera formando parte del Estado español. La cuestión clave en nuestra opinión es el efecto que la independencia catalana tendría sobre los incentivos de las empresas multinacionales a establecer nuevas operaciones en Cataluña y sobre los incentivos de los catalanes a crear nuevas empresas. En este sentido cabe señalar dos hechos. En primer lugar, la independencia dotaría el gobierno catalán de más discrecionalidad y recursos para llevar a cabo inversiones en infraestructura o políticas fiscales que incrementaran los incentivos de las empresas extranjeras a localizar su producción en Cataluña. En segundo lugar, y en materia de creación de nuevas empresas, es difícil imaginar que un futuro estado catalán instaurase unas regulaciones peores que las que existen actualmente en España. Sin ir más lejos, el informe “Doing Business”, publicado anualmente por el Banco Mundial sitúa a España en la posición 136 en un ranking de 185 países del mundo en términos de la facilidad de crear empresas nuevas.

 

conclusión: cada político extrae de los datos lo que les interesa para hacer creer a la población cosas que no son así ocultando parte de la verdad. Para conocer exactamente todos los datos deberías ser economista y además político. En cuanto a la independencia, tal como dice el artículo, es imposible que a Catalunya le fuera peor de lo que le va a España.

Fuente: colectivo Wilson