Europa, ¿con EEUU o China?

La guerra comercial que libran Estados Unidos y China puede saldarse con más vencidos que vencedores. Por descontado, estar en el medio de la contienda no augura un prometedor futuro. De un lado, está la obsesión de la administración americana por poner freno a la expansión de China, afianzar la intención de voto conservadora y sobre todo no perder, en un plazo de cinco a diez años, liderazgo e influencia en el terreno de la tecnología, innovación, inteligencia artificial, logística, armamento y transporte. De otro, está la necesidad de Beijing de conquistar mercados extranjeros para poder continuar con su modelo de sociedad, supeditado por completo al crecimiento y al cumplimiento del contrato social que intercambia poder para el Partido Comunista y sus elites a cambio de desarrollo para su población.

Por ello, hay que preguntarse, ¿debe Europa mirar hacia EE. UU. o China? 
La UE debe saber leer la situación y comprender que un posicionamiento radical e incondicional a China o bien a EE.UU no es sostenible a largo plazo, ni para nosotros, ni ellos, ni el planeta. 
Por otra parte, la neutralidad e inacción puede terminar llevando a Europa a la irrelevancia. Por tanto, ¿qué debemos hacer? La solución pasa únicamente no por decantarse por uno de los polos sino por unificarlos. Para ello y dada la situación actual es importante tender puentes de entendimiento y progreso entre ambas superpotencias.
España, tradicional aliado militar y económico de Washington, y el “gran amigo” de Beijing entre los países grandes dentro de Europa puede jugar un papel fundamental en ello, y sin duda beneficiarse al igual que el mundo del fin de la escalada de tensión entre ambos titanes.

La visita de Estado del presidente Xi a España a finales de noviembre supone una oportunidad para empezar a construir las bases del nuevo posicionamiento de Europa, y en concreto de España, como un sólido puente de entendimiento entre Washington y Beijing.
Para funcionar de puente España podría albergar una serie de encuentros a máximo nivel político y empresarial donde se buscasen de manera concreta alianzas entre empresas líderes en materia de automoción, infraestructura, energía, telecomunicaciones, y finanzas y otros proyectos de gran nivel, primero entre la UE y China, y a posteriori entre EE.UU. y la UE.

En Europa, el libre comercio de bienes y servicios ha supuesto un verdadero avance para todos; la creación de lazos cada vez más estrechos, profundos y complejos entre países de la UE ha logrado dejar atrás viejos fantasmas de confrontación. Las relaciones no son perfectas, pero el entramado institucional que ha asegurado paz y estabilidad por más de medio siglo se ha labrado sobre infinidad de negociaciones y concesiones. Por ello, el viraje de UE hacia uno de los polos, China o EE. UU., puede ser un devastador golpe de efecto para el otro, y a la vez sentencia de muerte para las economías de la eurozona en el medio plazo.
Entender que ambos actores pueden y deben continuar jugando un papel protagonista y que el moderador puede ser Europa es la clave.
Aun no siendo tarea sencilla, las fórmulas comerciales y de gobierno china y estadounidense pueden encontrar en la UE un punto de entendimiento y confianza. .

Editado por Sofía Julià  a partir de El Mundo

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