El coste del Low Cost

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Interior de una tienda Low-Cost

 

Si unas palabras se han hecho famosas y conocidas durante estos últimos años son las del low cost, es decir: precios bajos. Esta tendencia de usar palabras en inglés o francés para atraer la atención del público no es cosa del 2018. Sobretodo en los anuncios de perfumes usan un tono más sensual y seductor en otros idiomas para llamar más la atención.

Low cost es un paso más para internacionalizar el nuevo modelo de economía barata que en estos momentos predomina en todas las capas sociales. No hace muchos años la gente presumía de las cosas caras. Hoy, la admiración va dirigida a aquel que ha sido capaz de encontrar algo barato que le va a permitir seguir con la “diabólica” moda de la misma forma que si hubiera comprado algo caro.

Durante un tiempo asociábamos el low cost a productos de baja calidad, fabricados en países subdesarrollados. Pero este equilibrio se rompió en el momento en el que muchos países asiáticos decidieron incorporar las últimas tecnologías y empezar a producir productos de más calidad, de más valor añadido, y de diseños superiores. Una evolución hecha muy rápidamente que no ha ido acompañada de mejoras salariales y derechos laborales, ya que son -normalmente- países políticamente dictatoriales sin sindicatos libres.

A nosotros nos ha llevado a poder disponer de más productos de consumo. Por ejemplo, disponer de un teléfono móvil ya no es un distintivo de clase social, sino que está al abasto de muchísima gente. Poder seguir la moda en todas sus variedades nunca habría sido posible sin este nuevo concepto económico de low cost.

Pero cuál es el coste del bajo coste? La presión que han ejercido los compradores en los precios ha tenido efectos relevantes que han incidido en el nuevo momento económico: salarios bajos, precarización del trabajo y una gran inversión en tecnología que hace avanzar muy rápidamente para cubrir puestos de trabajo, es decir, más paro.

La precariedad salarial y los salarios bajos para competir con los productos de países con estructuras sociales mucho más pobres, están provocando una brecha social muy importante. Las nuevas generaciones ya no pueden alcanzar los niveles de vida de sus padres, un hecho imprescindible para l’ascenso social.

Todos estos fenómenos tienen como efecto secundario la incapacidad de generar los recursos suficientes para mantener el estado social que tenemos y la cobertura de las pensiones. El grabe problema es que ningún partido político se atreve a poner soluciones sobre la mesa hasta que no les llegue el agua al cuello o hasta que la UE se canse y, como ya ha hecho otras veces, nos obligue a hacer una reforma. Así pues, cuando presumimos de haber consumido un producto o un servicio a bajo coste, tenemos que ser conscientes que también contribuimos a crear este modelo económico.
Tenemos que empezar a ser honestos y a asumir también nuestra parte de culpa.

Fuente: Elaboración por Aina Solés a partir de El Punt Avui

 

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