China abandona el sueño de megalópolis de Egipto

 

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Primero fueron unas constructoras emiratíes. Y ahora sigue su estela una compañía estatal china. El megaproyecto de levantar la nueva capital de Egipto en pleno desierto ha sumado esta semana su segunda renuncia desde que la iniciativa, de proporciones faraónicas, fuese anunciada en marzo de 2015. “No se ha podido alcanzar un acuerdo que satisficiese a ambas partes en relación al precio del metro cuadrado”, reconoce Ayman Ismail, máximo responsable de la compañía que desarrolla la metrópoli, participada por el ministerio de Vivienda y la autoridad de ingenieros del todopoderoso ejército egipcio. “Hemos recibido precios más bajos de constructores egipcios”, arguye el funcionario.

El pasado año la China State Construction Engineering Corporation cerró un acuerdo con el régimen egipcio por el que se comprometía a proporcionar un préstamo de 3.000 millones para edificar las dependencias gubernamentales de la nueva capital administrativa, financiera e industrial del país más poblado árabe, un núcleo con una superficie de 750 kilómetros cuadrados que estará ubicado a unos 45 kilómetros al este de la actual megalópolis egipcia, a mitad de camino entre El Cairo y la ciudad de Suez.

Según la compañía asiática, durante la primera fase -que contaba con un plazo de ejecución de tres años- se erigirían la nueve sede del Parlamento, los edificios que albergarían una docena de departamentos gubernamentales y un palacio de congresos. Un plan abortado ahora por litigios pecuniarios. “Será construida con manos egipcias”, presume Ismail con el mismo orgullo patriótico con el que el país anunció a los artífices egipcios de una ampliación de un Canal de Suez en la que acabaron contratadas varias empresas europeas.

El segundo de los pactos con Pekín, deseoso de expandir su “nueva ruta de la Seda”, también pende de un hilo. Se trata de un acuerdo con la China Fortune Land Development Company (CFLD) por valor de 20.000 millones de dólares cuya rúbrica prevista para el pasado diciembre no se ha materializado, han reconocido socios locales de la firma en declaraciones a Reuters.

La segunda compañía china en liza tendría como misión dar forma al distrito industrial de la embrionaria urbe, llamada a reemplazar a El Cairo, un monstruo de 20 millones de almas ahogado por el tráfico y la contaminación. Con 45.000 millones de dólares de presupuesto inicial, el proyecto se jacta de proporciones de récord: capaz de acoger un aeropuerto internacional mayor que el de Heathrow; “el parque urbano más grande del mundo” y “un parque temático cuatro veces más extenso que el de Disneyland”.

La iniciativa estrella del presidente egipcio, el ex jefe del ejército Abdelfatah al Sisi, ha recibido un reguero de críticas de quienes tachan la aventura de innecesario despilfarro en una coyuntura marcada por las estrecheces económicas. A principios del pasado noviembre el Banco Central aprobó la liberalización del cambio de moneda, que desde entonces ha devaluado la libra egipcia más de un 50 por ciento y ha disparado la inflación. La medida activó el préstamo de 12.000 millones de dólares concedido por el Fondo Monetario Internacional que precisa -no obstante- de nuevos tijeretazos al sistema de subsidios. “¿Nadie os dijo que sois extremadamente pobres?”, preguntó Al Sisi en una reciente conferencia de jóvenes celebrada en la sureña villa de Asuán. “Permitidme que os diga que somos muy, muy pobres”, agregó el mandatario en unas palabras que han corrido como la pólvora por las redes sociales.

El proyecto de capital, sin embargo, parece ajeno a los mensajes de austeridad. Desde el pasado abril varias empresas locales se afanan en abrir 210 kilómetros de carreteras y desarrollar las infraestructuras de comunicación y la red de saneamiento sobre las que reposará la nueva metrópoli, diseñada para ser el hogar de cinco millones de personas. El proyecto -precedido por las fallidas ciudades satélites que rodean El Cairo- es, además, una muestra del poder omnímodo de las fuerzas armadas. Desde el golpe de Estado de 2013, el estamento militar ha recibido jugosas adjudicaciones del Gobierno ampliando un emporio con intereses en los sectores más variopintos: restaurantes; hoteles; estaciones de servicio; inmobiliarias; embotelladoras de agua mineral; servicios de limpieza; carpinterías y fábricas de electrodomésticos, productos químicos, automóviles o telecomunicaciones.

Fuente: El Mundo


 

En Egipto quieren crear una megapólis, pero desde hace varios años es imposible hacerlo, debido a que las empresas que se disponen a hacerlo, acaban rompiendo los contratos por varios desacuerdos con el estado. El último de ellos ha sido una empresa china que pretenden expandir el mercado de la seda.

 

 

 

 

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