Las aerolíneas ‘low cost’, a por las rutas transatlánticas

Aunque el combustible es más barato y los aviones más eficientes, es difícil exportar el modelo del bajo coste a las rutas de largo recorrido.

Estamos, para utilizar una terminología aeronáutica, ante un viraje estratégico. Ryanair anunció esta semana que ofrecerá vuelos en las rutas transatlánticas a partir de unos 15 euros por trayecto.

La compañía, fundada en 1985, revolucionó en el sector del transporte aéreo europeo al reducir costes y reventar tarifas. Quiere ahora dar el salto más allá del Atlántico.

Ryanair no está sola. Norwegian Airlines el pasado otoño ofreció vuelos entre Londres y Nueva York a 209 euros y la islandesa Wow, desde Rekiavik, puso a la venta billetes de ida y vuelta a 200 euros, tasas incluidas. En Asia hay decenas compañías que cubren rutas de largo recorrido en el continente a tarifas convenientes y con cierta regularidad. Parece que hay mercado.

Asimismo, el momento parece propicio. El combustible ahora está barato y los aviones de largo alcance son más eficientes en términos de consumo de carburante por asiento que los más pequeños. El modelo bajo coste aparentemente goza de buena salud. En 2014, su número de pasajeros subió un 9%, según datos de la ELFAA, la asociación europea del sector.

En el pasado, cuando el crudo era

era más caro, las cosas no fueron tan bien. En los años setenta, Laker Airways se ofreció para cubrir la ruta entre Londres y Nueva York a precios muy competitivos pero no consiguió beneficios.

En tiempos recientes ha habido más de un fracaso. Oasis Hong Kong Airlines acabó en quiebra en 2008. Sus vuelos baratos entre Londres y Vancouver no despertaron demasiado interés. Hace poco, Air Asia X abandonó su plan de volar a Europa.

Ryanair no tiene en la actualidad aviones capacitados para servir recorridos tan largos. Ha encargado unos pedidos para aviones de medio-largo recorrido, el Boeing 737-800, que se entregarán en 2019. Pero si necesitara aparatos más aptos para rutas extensas, entonces la compañía debería hacer otra inversión y esperar unos cuantos años antes de poder utilizarlos.

Las aerolíneas low cost reducen entre un 40% y un 50% los costes respecto a una aerolínea de bandera tradicional. Su modelo optimiza la gestión del vuelo y ahorra en gastos inecesarios. El problema es que esta política en las rutas largas es más difícil de sostener. El bajo coste en el largo recorrido es una apuesta arriesgada.

Conclusión: Ahora las aerolíneas low cost se lanzaran a por las rutas transantlánticas, expandiendo así su repertorio y mejorando el sector low cost, mejorando así su reputación y podiendo mejorar sus servicios. La noticia sugiere que es una apuesta arriesgada pero que puede salir bien. Con esto los servicios pueden reconocerse mejor, y si la apuesta sale bien, el transporte de coste bajo podrá mejorar su negocio y expandir sus límites

Fuente: LaVanguardia

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