España, segura de superar los nuevos test a la banca

Suena redoble de tambores en la Unión Europea. El laxismo en la regulación de la banca ya es cosa del pasado y ahora todos los esfuerzos consisten en poner coto a un sector que ha arrastrado a la crisis económica a Europa. La semana que arranca mañana se informará sobre los nuevos criterios de los test de estrés a los que se someterá la banca europea en el año 2014. Después de meses de debates entre los líderes de los 28 –con los siempre presentes recelos de Alemania y Reino Unido–, ya está en pie el primer «pilar» de la denominada unión bancaria, la coordinación en materia financiera que promete poner fin al círculo vicioso entre problemas bancarios y deuda soberana.

Una de las razones por las que la crisis económica y financiera que estalló en 2007 fue tan severa es que los bancos habían acumulado una deuda excesiva dentro y fuera de balance, a lo que se unió la gradual erosión del nivel y de la calidad de su capital, así como una liquidez insuficiente. Por todo ello, el sistema bancario no fue capaz de absorber las pérdidas.

La nueva ronda de exámenes a las entidades bancarias no puede permitirse el lujo de que se repita el fiasco de 2010 y 2011, cuando las pruebas no detectaron, por ejemplo, el agujero de Caja Madrid ni el de Dexia. Así, los bancos europeos serán sometidos a un doble test en 2014, uno del Banco Central Europeo y otro de la Autoridad Bancaria Europea.

El BCE quiere que el ejercicio sea riguroso y transparente para disipar cualquier sombra de duda sobre un sector que no termina de recuperarse del tsunami financiero de 2007 en Estados Unidos, agravado por la burbuja inmobiliaria y los problemas presupuestarios de los gobiernos europeos.

«Todo el ejercicio de la revisión de la calidad de activos, la valoración de los balances y la prueba de estrés (propiamente dicho) sólo tienen sentido si son creíbles», ha dicho el presidente del BCE, Mario Draghi.

Según Goldman Sachs, las principales preocupaciones se centran en la banca italiana, la alemana y sólo en tercer lugar la española y, en total, necesitarían 75.000 millones de euros.

El Gobierno español acoge con agrado esa exigencia en los test. El ministro de Economía, Luis de Guindos, aseguró esta semana que España defiende que tiene que ser un ejercicio «muy serio, con unos escenarios estrictos, rigurosos» y con un «evaluador externo» independiente como hizo el país en su momento de cara al rescate bancario con la consultora Oliver Wyman, dijo De Guindos. «Eso daría mucha credibilidad», añadió. Por su parte, Emilio Botín, presidente de Banco Santander, añadió desde Estados Unidos que las entidades españolas pasarán las próximas pruebas de estrés «con matrícula»

 

Los parámetros del test

Efectivamente, «todo sugiere que la banca española está en el buen camino y llegará bien equipada a las pruebas de estrés y el análisis de calidad de los activos, aunque es difícil saber cuáles serán las necesidades de cada entidad en particular», según el presidente del Banco Central Europeo.

Los tests, cuyas características técnicas tiene que definir todavía el BCE, contemplarán morosidad, «activos tóxicos» y la cobertura de los créditos de más riesgo. En principio, se aplicarán las exigencias de capital contempladas en las normas contables de Basilea III, que exigen a los bancos incrementar su capital de mejor calidad, es decir, acciones ordinarias; que sólo reciben dividendos cuando todos los acreedores han cobrado sus créditos. En concreto, cada entidad debe tener acciones ordinarias por un monto equivalente a un 4,5% de los activos ponderados por riesgo (frente al 2% existente hasta ahora).

Además, se contemplan unos requerimientos mínimos de liquidez para asegurar que las entidades pueden hacer frente a periodos de sequía. Los ejercicios de revisión de los balances bancarios aspiran a no encontrar agujeros serios, o al menos así lo ha hecho saber Mario Draghi, pero en paralelo se trabaja para crear un mecanismo de cortafuegos suficiente para los casos en los que se encuentren déficits de capital.

Según el esquema previsto, y que los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 volverán a ratificar en la cumbre de Bruselas del jueves y el viernes, las entidades afectadas tendrán que acudir primero al mercado para suministrarse de esos fondos faltantes. Si no lo consiguen, deberán aplicar quitas a los accionistas y bonistas júnior es y, sólo después, podrán pedir dinero público: primero nacional y en último lugar, al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE).

El cuándo poder realizar una recapitalización directa desde el MEDE queda aún por determinar, puesto que Alemania quiere que sean sólo excepciones. Precisamente sobre el país teutón persisten las dudas en torno a sus cajas regionales, que Angela Merkel ha blindado en el pasado para que no se sometan a exámenes.

El otro país en el ojo del huracán es Italia, donde estos días se respira un clima de falsa tranquilidad. Por una parte, saca pecho y afronta con tranquilidad los próximos test, convencida de que pasará con nota el examen y sus institutos de crédito lograrán así disipar las dudas que algunos inversores aún tienen sobre ellos. Ése fue el mensaje que transmitió esta semana el ministro italiano de Economía, Fabrizio Saccomanni, en un encuentro con los representantes de la Prensa extranjera. Igual de convencido de que todo irá bien está Federico Ghizzoni, consejero delegado de Unicredit, uno de los principales bancos de Italia, que dijo que los controles servirán para mostrar al resto de naciones «la calidad de los activos» del sistema bancario italiano.

Las buenas palabras de ambos recuerdan al ambiente que rodeó a los test de estrés de 2011. Entonces, los cinco bancos italianos que entonces se examinaron (Intesa Sanpaolo, Unicredit, Monte dei Paschi di Siena, Ubi y Banco Popolare) quedaron en buen lugar. Sin embargo, sólo cuatro meses después estallaba el escándalo del Monte dei Paschi di Siena, que casi acaba en quiebra. Algunos analistas creen que otras entidades italianas puedan tener igualmente «esqueletos en el armario».

En Reino Unido, aparte de los exámenes del BCE, los principales bancos, así como las filiales significativas en el país de entidades extranjeras de importancia sistémica, serán sometidos también cada año a pruebas de esfuerzo para calibrar su solvencia individual y del conjunto del sistema bancario británico, según informó este mes el Banco de Inglaterra (BoE).

El pasado mes de junio, la Autoridad de Regulación Prudencial (PRA) ya ordenó a la banca británica reforzar sus balances por un total de 27.1 mil millones de libras para evitar una repetición de la crisis de 2008. Barclays, Lloyds Banking Group (con el 39% de sus acciones en manos del Estado) y Royal Bank of Scotland (RBS) (con el 82%) representan la mayor parte del déficit.

Los bancos franceses van preparando la era postcrisis. Tras la quiebra de Lehman Brothers en EE UU hace cinco años, algunos de los mastodontes de la banca gala (BNP, Société Générale, Crédit Agricole, BPCE…) tuvieron incluso que ser auxiliados con millonarias ayudas estatales. Pero los préstamos fueron devueltos con intereses pocos meses después, lo que refleja que los bancos franceses han resistido mejor que otros de su entorno. Los analistas coinciden en señalar la fortaleza de las entidades galas, que parecen estar sólidamente capitalizadas.

 

Con información de Celia Maza (corresponsal en Londres), Álvaro del Río (París) y Darío Menor (Roma)

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