JAPÓN SE APROXIMA MUY DEPRISA AL ABISMO ECONÓMICO

“La producción industrial cayó en enero el 10% y se perderán 400.000 empleos hasta marzo”


Desorientado e irreconocible, Japón ha caído en una angustiosa espiral de desesperación. La estadística golpea sin remisión un día sí y otro también, evidenciando una crisis total que no sólo alcanza todos los ámbitos económicos, sino que está resquebrajando los cimientos de una sociedad que durante décadas levantó fascinación en medio mundo por ser un modelo de bienestar. La situación es ahora dramática: en el cuarto trimestre de 2008 la economía se contrajo un 12,7%, la peor coyuntura de los últimos 35 años.

Y, con el frenazo económico, el contagio está propagándose a toda velocidad. La ralentización de la demanda exterior y un yen desbocado han asestado un varapalo histórico a las exportaciones: cayeron un 46% en enero, tendencia que continuará deteriorándose. De hecho, tras años de vino, rosas y pingües beneficios, los números rojos de las grandes multinacionales niponas no han tardado en salir a flote.

Sony, Toyota, Panasonic, Canon, Honda y otros colosos se tambalean entre pérdidas millonarias y balances que echan fuego. En lo que llevamos de año, 10 compañías que cotizan en la bolsa de Tokio han declarado ya su bancarrota. Así que han optado por el clásico ajuste defensivo para capear el temporal. Esto es, congelación de las inversiones, recortes en la producción y despidos masivos. Receta que, por supuesto, ha tenido efectos inmediatos.

La producción industrial cayó en enero un 10%, el peor escenario en más de medio siglo, mientras que unos 400.000 trabajadores temporales perderán su empleo hasta marzo. “Japón es el más afectado de entre los países industrializados. Y la coyuntura está empeorando”, confirma Andrew Dewit, profesor de Política de Finanzas Públicas en la universidad Rikkyo de Tokio. En medio del derribo total, la pregunta es obligada: ¿cómo ha podido la segunda economía del mundo meterse en semejante lío?

¿Cómo ha caído en esta situación de deterioro económico? Dewit vincula el fracaso actual con la estrategia de los años noventa diseñada para superar el desgarro brutal que provocaron en la economía japonesa la burbuja inmobiliaria y bursátil. “El Gobierno hizo cuanto pudo para promocionar las exportaciones y flexibilizar al máximo el mercado laboral, pero sin dotarlo de una red social”. Hoy paga la penitencia de sus pecados.

Y eso que mientras hubo bonanza global, la receta funcionó: las empresas hicieron caja y los beneficios empaparon hacia abajo toda la cadena de suministro. De hecho, entre 2002 y 2007, el 61% del crecimiento del PIB japonés fue directamente imputable a las exportaciones. Pero, en cuanto la demanda exterior ha empezado a flanquear, este modelo basado en las exportaciones se ha venido literalmente abajo. Y, averiando el motor del crecimiento, la economía nipona se ha quedado sin recursos.

Fundamentalmente, porque en los últimos 15 años el mercado laboral ha cambiado demasiado como para que el consumo doméstico salga al rescate. Japón ha pasado de contar con un 80% de contratados fijos a tener más de un tercio de trabajadores temporales, unos 19 millones conocidos como los working poor. Su situación es dramática: ganan de media unos 150.000 yenes (1.200 euros) al mes, no tienen beneficios sociales de ninguna clase y viven en la incertidumbre de no saber si sus contratos serán renovados.

Los suicidios están en plena escalada porque el reto para muchos es sobrevivir: “Quedarse sin empleo puede implicar también dejar de tener un lugar para vivir. No hay protección para quienes pierden su empleo”, asegura Makoto Yuasa, responsable de Moyai, una ONG de ayuda a desempleados. Mientras aumenta la precariedad para unos, la congelación salarial continúa para los fijos.

Así que, con la crisis, los japoneses se han apretado el cinturón aún más: el consumo se desplomó otro 5,9% en enero. Paradójicamente, Japón ha caído en la misma telaraña que China. Por un lado, la ausencia de una red social ha incentivado el ahorro y estrangulado el consumo; por otro, su economía padece por su excesiva dependencia de las exportaciones. Los expertos apuntan que Tokio tiene que implementar reformas e invertir en la dirección adecuada.

Aunque, en medio de la crisis política sin precedentes, con tres primeros ministros en dos años y medio y las elecciones a pocos meses vista, se antoja misión imposible. “Sin un sólido liderazgo político no habrá cambios”, apunta Dewit. Mientras, Japón busca desesperadamente oxígeno en los planes de estímulo económico lanzados hasta ahora, dotados con 415.000 millones de euros. Sin embargo, el Gobierno tiene que invertir en infraestructuras, pero no sólo en autopistas y puentes.

“Tiene que desarrollar ciertos mercados e invertir en infraestructuras para la nueva economía: educación e investigación y desarrollo, tecnologías medioambientales y de eficiencia energética. Ser líder mundial en esas áreas dispararía la demanda doméstica”. Receta para una crisis que, en cualquier caso, será dolorosa y de largo recorrido para la segunda economía del mundo.

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