El precio del petróleo: 126,9 $/barril

Tras los ataques de la coalición internacional en Libia, el precio del petróleo subió más de 10 dólares. El barril de Brent está, en estos momentos, 9 de abril, en los 127 dólares. El precio del petróleo retomó, por tanto, la senda alcista. Desde el 6 de abril el barril tipo Brent, para entregas a un mes, ver gáfico, subió 4 dólares.

Evolución del precio del barril de petróleo ...

Entre el 1 de enero de 2011 y el 9 de abril, el precio del crudo subió más de un 30%, para situarse en los 127 dólares por barril, y del 55% desde el inicio de 2010.

A la inestabilidad política en los países de Oriente Medio y del norte de África (incluída la guerra en Libia) se ha añadido a los factores alcistas las expectativas de una mayor demanda global y los cuellos de botella y el agotamiento de algunos pozos en los países productores que no son de la OPEP. El retorno del crudo a precios más normales dependerá del crecimiento económico del Mundo y de la evolución de la guerra de Libia y la situación política de la zona.

Volatilidad

Los precios del crudo están mostrando una elevada volatilidad: en lo que va de año, más que duplica la observada en igual periodo de 2010. En un primer momento, el petróleo cotizó el aumento de la incertidumbre en el norte de África y Oriente Medio. Esta región produce el 30% del petróleo mundial y concentra casi el 60% de las reservas probadas de crudo.

¿Cual será la tendencia fuura? ¿Como cotizará el barril tipo Brent a finales de año?

¿A quién le debe dinero el Gobierno de los Estados Unidos?

Cada vez se habla más de la creciente deuda del Gobierno de los EEUU, así que creo que es interesante tener en mente quienes son los principales acreedores de los 13.562 millones de deuda que tenía el Gobierno de los EEUU a 30 de Septiembre de 2010.

Si me hubieran preguntado a mi sin conocer la información, mi respuesta intuitiva hubiera sido que China debe ser uno de los principales acreedores. Esto es correcto, pero a China sólo le deben el 9,5% del total de la deuda, el grueso de la deuda, un 66% está en manos de los mismo norteamericanos, particulares, instituciones y el fondo de la Seguridad Social y similares. En segunda posición tenemos al Japón con el 6,3% del total de la deuda (por eso se especula que pueden haber ciertas tensiones en los bonos del tesoro de los EEUU si los Japoneses empiezan a liquidar posiciones para repatriar fondos para cubrir los costes del desaste del terremoto y el tsunami). El resto de la deuda se encuentra bastante atomizado.

Sobre la evolución de los acreedores a lo largo del tiempo, quizás sorprende que China a pesar de las amenazas veladas que ha lanzado muchas veces de dejar de comprar bonos de los EEUU o diversificar su cartera de bonos infraponderando los EEUU, sigue aumentando su exposición a los bonos norteamericanos a lo largo del tiempo. Las ventajas de ser un gran deudor es que generalmente los acreedores tienen que seguir apoyándote si no quieren sufrir una gran descalabro.

Fuente: GurusBlog

La subida del petróleo amenaza con paralizar la recuperación económica mundial

¿Terminará la situación en los países árabes contaminando la convaleciente economía mundial?

Veamos que dicen los expertos sobre los futuros del petroleo.

Los futuros del petróleo tipo Brent llegaron a tocar los 119,79 dólares por barril el pasado 24 de febrero, el nivel más alto desde agosto de 2008, por preocupaciones de que los disturbios sociales que se acaban de desatar en Libia se pudieran propagar a otros importantes productores de crudo en Oriente Próximo, incluyendo Arabia Saudí. En septiembre de 2010 cotizaba en los 80 dólares por barril.

“En líneas generales todavía no se puede saber cuál va a ser el efecto de la escalada del precio del petróleo”, Federico Steinberg, investigador principal de Economía y Comercio Internacional del Real Instituto Elcano y profesor del Departamento de Análisis Económico de la Universidad Autónoma de Madrid. Steinberg añade que “hay que esperar para ver si se producen efectos de segunda vuelta, es decir, para ver si las empresas sufren en su proceso de producción un aumento de los costes derivados del encarecimiento del crudo y trasladan esas subidas a los productos finales que ofrecen a los consumidores”. Si eso ocurriese, comenta, “los trabajadores solicitarían subidas de suelto y entraríamos en una espiral inflacionista”.

Un mercado inquieto

El nerviosismo en el mercado petrolífero comenzó el pasado 25 de febrero con el estallido de revueltas sociales en Túnez para derrocar al régimen de Ben Ali. Aquel día el Brent cotizaba en 95 dólares. La ola de protestas se extendió a Egipto y poco después a Libia. Las revueltas en este país han sido las que con más fuerza han impulsado el precio del crudo, por el miedo a que se corte completamente su producción de petróleo. Libia bombeó 1,57 millones de barriles al día en enero, según los datos de los últimos informes mensuales de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la Agencia Internacional de la Energía (AIE). La cifra representa el 1,8% de la producción mundial de ese mes.

El verdadero temor del mercado es que las protestas se extiendan también por Arabia Saudí, mayor productor mundial de petróleo, con un bombeo de 8,43 millones de barriles diarios en enero. “Descontar una interrupción del suministro en Libia es una cosa, pero otra muy distinta es que la revuelta se extienda a Arabia Saudí, que tiene el 20% del petróleo del mundo” explicaba David Rosenberg, estratega de Gluskin Sheff, el pasado 24 de febrero, según recogió la agencia de noticias Bloomberg.

Los futuros del West Texas, tipo de petróleo referencia en Estados Unidos, tocaron el viernes 4 de marzo los 105,17 dólares por barril, el precio más alto desde septiembre de 2008. En septiembre de 2010 cotizaba en 73 dólares.

“Unos precios del petróleo por encima de los 100 dólares el barril son malas noticias para la recuperación económica de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), tal y como ha señalado ya la AIE. Unos precios de combustibles altos suponen más inflación y menos capacidad adquisitiva para los ciudadanos”, apunta Mariano Marzo Carpio, catedrático de Recursos Energéticos en la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona, quien considera que “todo ello se combatirá con subidas de tipos de interés, lo que supone dinero más caro para las empresas, que pueden ver mermadas su capacidad inversora, y dinero más alto que afectará a los créditos al consumo”. Para este profesor, “nos encontramos en un escenario con perspectivas de inflación alta y bajo crecimiento económico, que es el pero panorama posible al que se pueden enfrentar las economías”.

Según Rafael Pampillón, profesor de entorno económico y análisis de países del IE Business School, “lo que está claro es que la subida del precio del petróleo no le hace ningún bien a la economía mundial”. Explica que “el encarecimiento del crudo influye negativamente en todas las economías del mundo, como muestra el hecho de que el Banco Central Europeo (BCE), haya avisado ya de que podría subir los tipos de interés en la reunión de abril, una amenaza que nosotros habíamos previsto para noviembre. Los mercados han reaccionado con subidas en el Euribor y en los tipos de interés exigidos a la deuda soberana”.

Subidas de tipos en la zona euro

El Banco Central Europeo (BCE) decidió en su última reunión mensual celebrada el pasado 3 de marzo mantener los tipos de interés en el 1%, nivel al que se encuentran desde mayo de 2009. Sin embargo, el presidente del organismo, Jean-Claude Trichet, reconoció en rueda de prensa para explicar esa decisión que podía haber un aumento de las tasas en abril. “Es posible que suban los tipos de interés en la próxima reunión”, dijo, aunque especificó que no es seguro y que no tendría por qué ser el comienzo de una serie de subidas. El banquero galo explicó que su preocupación es una inflación que se está mostrando más persiste de lo que en un principio habían previsto, por el encarecimiento del petróleo.

Trichet dejó claro que el consejo de gobierno del BCE “está preparado para actuar” con el fin evitar que las presiones inflacionistas al alza se materialicen, por lo que mantiene “una vigilancia fuerte” sobre los precios.

El Índice de Precios al Consumo de la zona euro volvió a acelerarse en febrero hasta el 2,4% interanual, tras el 2,3% de enero, según una primera estimación divulgada el 1 de marzo por Eurostat, la oficina europea de estadísticas. La razón principal de este ascenso fueron los precios de la energía y de las materias primas. El objetivo del BCE es mantener la inflación cerca pero por debajo del 2% interanual.

“El gran problema puede ser si la subida de la inflación se produce muy de golpe porque las economías no podrían adaptarse y podrían sufrir. También será importante conocer si se trata de un shock temporal en el precio del petróleo o es permanente”, afirma Steinberg, para quien el inconveniente de subir los tipos de interés es que “se frena el crecimiento económico”. A pesar de ello, cree que “la crisis de los años Setenta nos enseñó que las subidas de las expectativas de la inflación son muy peligrosas, por lo que los bancos centrales no van a permitir que eso ocurra”. Este investigador del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, recuerda que “el BCE se ha mostrado más decidido a subir los tipos de interés, pero la Reserva Federal de Estados Unidos ha restado importancia a la inflación y está más preocupada por la actividad económica y el empleo”.

Pampillón advierte de que si finalmente se materializan las subidas de tipos en Europa el euro se apreciará contra el resto de monedas, “lo que provocará una reducción de las exportaciones de los países de la zona euro porque sus productos pierden competitividad”. “Alemania puede ser uno de los países perjudicados por la subida del euro, porque su economía depende mucho de las exportaciones, y estas se verán frenadas. Y si la primera economía de la Eurozona pierde fuerza, eso afectará a otras economías de la región que, como España, colocan allí muchos de sus productos”, argumenta. Además, cree que, en el actual entorno de dudas, “el riesgo soberano de los países periféricos de la zona euro puede volver a crecer, porque al aumentar la incertidumbre en los mercados y la versión al riesgo, los inversores volverán a exigir tipos de interés más altos para comprar deuda pública”.

Para Marzo Carpio, “la subida del precio del petróleo va a afectar de forma general a todos los países de la OCDE, pero lo hará de forma particular en los países del sur de Europa, como por ejemplo, Portugal y España, en los que la salida de la crisis está siendo más lenta y están siendo presionados por los
mercados de deuda”.

Efectos en América Latina

La recuperación económica no ha sido homogénea en todo el mundo, por lo que la subida de los precios del petróleo no afectará a todas las regiones por igual, tal y como reconoció el 3 de marzo el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, quien constató que existe un crecimiento “bastante rápido” en Asia y Latinoamérica, y una avance lento en Europa y en Estados Unidos. “Hay un doble problema en esta recuperación en curso: en primer lugar, el riesgo de sobrecalentamiento en los países emergentes, y, en segundo lugar, los problemas en el norte de África y sus consecuencias en los precios del petróleo”, indicó. El funcionario realizó estos comentarios ante los medios de comunicación después de una reunión con autoridades del gobierno de Brasil para discutir las perspectivas globales y de la región.

“En Latinoamérica la subida del petróleo afecta de manera dispar a unos países y a otros. Venezuela, por ejemplo, que es un exportador de crudo, pensará que el encarecimiento del crudo es algo maravilloso. Otros países, no tanto. Sin embargo, la subida del petróleo se enmarca dentro de un encarecimiento generalizado de todas las materias primas y, en líneas generales, los países latinoamericanos son exportadores de materias primas, por lo que podrían verse favorecidos con la actual situación del mercado. Latinoamérica puede ser una de las regiones más favorecidas por el encarecimiento del petróleo”, opina Steinberg.

Marzo Carpio tiene una visión diferente: “Los países latinoamericanos también sufrirán el encarecimiento del petróleo. Su población tendrá que pagar más para hacerse con materias primas que se están encareciendo, lo que afectará a la economía y no compensará el beneficio que para estos países exportadores de materias primas supone vender sus productos más caros al exterior”.

En la misma línea, Pampillón señala que “como exportadores de materias primas, a los países latinoamericanos esta tendencia alcista generalizada en este mercado les favorece”, pero cree que “el problema es que si se frena la recuperación de las economías más desarrolladas la demanda de materias primas también se frenará”. “Además, Suramérica también padecerá unos costes energéticos más altos, lo que también provocará subidas de tipos, apreciación de monedas y, por lo tanto, más dificultades para exportar. A lo que hay que añadir que un encarecimiento del precio del dinero dificultará el acceso de las empresas a los créditos para invertir, algo que también es muy negativo para estos países”, argumenta.

De cara a los próximos meses, este profesor del IE Business School cree que es “muy difícil” saber qué es lo que ocurrirá con los precios del petróleo. “El crudo ya estaba mostrando una tendencia alcista antes de que comenzaran las revueltas sociales en el norte de África y en Oriente Medio. Y lo mismo estaba ocurriendo con la inflación. Pero en cualquier caso, es imposible saber cómo se desarrollarán los hechos en estas regiones tan imprevisibles, ni cómo esto puede afectar al precio del crudo”, reconoce.

Fuente: Knowledge Wharton

¿Caerá la economía mundial en una inflación irreversible?

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Image via Wikipedia

El colapso en los precios de la vivienda que se ha producido en los últimos años nos recuerda a todos los horrores de la deflación. Millones de propietarios deben a los bancos más de lo que valen sus viviendas, lo cual hace imposible su venta, cambiarse a otra o aceptar un nuevo empleo en otra parte. ¿Qué ocurriría si la deflación se trasladase a toda la economía, si bajasen los salarios y el precio de todos los bienes y servicios?

Son muy pocos los economistas que esperan una deflación profunda y prolongada como la acontecida durante la Gran Depresión. Pero Estados Unidos y muchas economías mundiales no están saliendo de la recesión tan rápidamente como se predecía a principios de año, y algunos expertos advierten que el riesgo de deflación debería ser una de las principales preocupaciones de los responsables de las políticas económicas. “Creo que existe una probabilidad razonable de tener deflación en algunos países occidentales en algún momento, en el próximo año o dos”, dice el profesor de Finanzas de Wharton Franklin Allen, incluyendo también a Estados Unidos en el análisis.

Las políticas económicas puestas en marcha por el gobierno chino para controlar el crecimiento y la inflación serían un factor clave, señala Allen. Este tipo de política reduciría la demanda mundial de bienes de consumo, presionando los precios a la baja. Además, muchos estadounidenses, preocupados por sus empleos y el valor de sus inversiones y sus hogares, han aumentado su propensión al ahorro, lo cual les deja con menos dinero destinado al consumo. Como el rendimiento del ahorro es tan bajo -por debajo del 1% en la mayoría de las cuentas de ahorro-, la gente siente la necesidad de ahorrar incluso más.

Pero Allen no espera una deflación desenfrenada; a Japón le va bastante bien a pesar de haber tenido una deflación anual del 1-2% desde hace unos cuantos años. A esos niveles los individuos y las empresas consideran que sus deudas son manejables, así que no entran en el círculo del pánico que genera una mayor deflación.

Pero otros expertos consideran que en estos momentos existe mayor riesgo de deflación que a principios de año. Durante el Federal Open Market Committe (FOMC) de la Reserva Federal del pasado mes de agosto se afirmaba que “aunque ningún miembro vio un riesgo apreciable de deflación, algunos consideraban que el riesgo de que la inflación descendiese a corto plazo había aumentado”. Una caída de la inflación siempre es una señal de alerta para los bancos centrales. Como la tasa de inflación es tan baja en estos momentos (1%), no sería nada difícil que la economía entrase en deflación.

Paul Krugman, economista Premio Nobel de la Universidad de Princeton, escribía recientemente en su columna del New York Times que consideraba “desconcertante la autocomplacencia de la Reserva Federal en relación con la deflación y la caída de la inflación”. Otros economistas, incluyendo los más importantes de Goldman Sachs, comparten la opinión de Krugman, el cual señala que factores como la caída en las expectativas de inflación se reflejan en el precio de los bonos.

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En un artículo reciente titulado “The Seven Faces of ‘The Peril’”, James Bullard, presidente de la Reserva Federal de St. Louis, advertía que el plan de la FOMC de mantener bajos los tipos de interés, durante un largo periodo, “podría aumentar la probabilidad de sufrir en Estados Unidos una situación a la japonesa”,refiriéndose al periodo deflacionario que experimenta Japón desde principios de los 90.

Gran resistencia al consumo. Aunque la idea de una bajada de los precios en un principio podría parecer muy atractiva, la deflación puede causar estragos en una economía. Las empresas y los individuos pueden encontrarse en una situación en que su deuda permanece constante pero sus ingresos caen, lo cual dificulta el pago de la deuda. Los consumidores y las empresas dejan de comprar bienes y servicios por temor -o con la esperanza-, de que los precios caigan aún más. Esto reduce los beneficios de las empresas, afectando a las cotizaciones y causando despidos masivos, lo cual prolonga y hace más profundo el círculo vicioso al reducirse todavía más el consumo. Con apenas inversión la economía se paraliza. “El problema con la deflación es que, una vez que empieza, es muy complicado intervenir para frenarla”, señala Howard Pack, profesor de Empresa y Políticas Públicas de Wharton.

La deflación “viene en dos sabores”, dice el profesor de Finanzas de Wharton Richard Marston. Uno se debe a la oferta excesiva de bienes y servicios. “Esa es la deflación que amenazaba a la economía mundial hace unos años. Nunca se produjo, pero siempre pensé que no era tan mala como la pintaban. ¿Por qué debería importarnos que el coste de la vida cayese a causa de la abundancia de productos?” Por ejemplo, una caída constante del precio de los productos electrónicos es el tipo de deflación que aplaudiría la mayoría de la gente.

El segundo tipo de inflación, más dañina según Marston, está causada por una demanda demasiado escasa, una caída en picado que se produce cuando nadie está dispuesto a gastar dinero. “Eso es lo que tuvimos en los años 30; poca demanda de inversión, poca demanda de consumo, poca demanda de exportaciones. Eso es lo que alguna gente teme que ocurra ahora. Este tipo de deflación da más miedo. Pero no creo que hoy sea una amenaza real”.

Preocupados por el futuro, partiendo de niveles del 1-2%, en los últimos años los estadounidenses han incrementado sus tasas de ahorro hasta el 6%, lo cual les deja con menos dinero para el consumo. Esto es preocupante para la deflación porque reduce la demanda y suele presionar los precios a la baja. Según Marston, no obstante la demanda de consumo, que lleva cayendo desde finales de 2007 hasta el primer trimestre de 2009, ha estado creciendo desde entonces y ahora no está lejos de los niveles de 2007.

“En segundo lugar”, añade Marston, “el crecimiento económico en otras partes del mundo está revitalizando nuestras exportaciones, que en estos momentos están casi al mismo nivel que en 2007. Sólo la inversión empresarial sigue estancada”. Posiblemente también se recuperará, tal vez a finales del próximo año, después de que Washington despeje la incertidumbre sobre el futuro de los recortes fiscales de la era Bush, los cuales expiran a finales de este año. “¿Por qué no tenemos la deflación de los años 30?”, se pregunta Marston. “Porque, a diferencia de los años 30, la Reserva Federal ha sacado a flote el sistema financiero con liquidez. El efectivo en manos de los bancos duplica los niveles normales”. Por ejemplo, el efectivo de los bancos comerciales pasó de menos de US$400 millones, a mediados de 2008, a casi US$1.400 millones a principios de este año.

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Mark Zandi, economista jefe y cofundador de Economy.com de Moody, está de acuerdo en que los riesgos de “la forma virulenta de deflación son bajos”. Para que se produzca una deflación seria, la economía debería haber entrado de nuevo en recesión, y Zandi cree que la recuperación, aunque lenta, seguirá produciéndose. “La probabilidad de volver a entrar en recesión siguen siendo, en mi opinión, muy bajas; tal vez uno a tres”. La economía está creando empleo, aunque no lo suficientemente rápido para contrarrestar el crecimiento de la población y reducir la tasa de desempleo.

Asimismo, los alquileres de vivienda están aumentando, fortaleciendo un factor clave en los cálculos del índice de precios al consumo, señala. Los precios en el mercado de bonos muestran que los inversores esperan que la inflación se sitúe entre el 1,5 y el 2% en los próximos cinco años, lo cual no apoya de nuevo la tesis de sufrir deflación. Las expectativas de inflación no son un indicador infalible -tal y como recuerda Krugman, fallaron en las predicciones de Japón-, pero no parecen apoyar el supuesto de deflación, señala Zandi. “No es una garantía, pero creo que es una barrera importante”.

Por último, sostiene Zandi, “los salarios siguen creciendo” a tasas anuales del 1-2%. Aunque sea un crecimiento modesto, proporciona a los consumidores más dinero para gastar si así lo desean. “Parece existir una barrera psicológica que los empleadores no quieren traspasar, al menos no en masa”, explicaba Zandi refiriéndose a la resistencia de los empleadores a bajar salarios. Los recortes salariales pueden hacer huir a los trabajadores, si no de forma inmediata, cuando la economía se recupera y los trabajadores dispongan de otras oportunidades.

Probable crecimiento lento. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que el riesgo de sufrir deflación no es muy elevado; pero son pocos los que esperan una rápida recuperación económica. Un obstáculo, explica Pack, es la resaca consecuencia del excesivo uso del préstamo antes de la crisis financiera. Las empresas e individuos que creen que sus niveles de endeudamiento son demasiado elevados posiblemente empleen cualquier dinero extra que obtengan a reducir la deuda, no a adquirir bienes y servicios. “No existen grandes perspectivas de crecimiento económico hasta que todos los países empiecen a crecer de nuevo, y aún falta bastante para que eso ocurra; todavía se está produciendo un proceso de desapalancamiento. Se va a necesitar cierto tiempo”, sostiene Pack.

Aunque en general es optimista, Zandi cree que la recuperación va a ser lenta. En su opinión, la Reserva Federal mantendrá los tipos de interés bajos durante algún tiempo, y reanudará programas de adquisición de valores del Tesoro para mantener los tipos bajo control”.

Los tipos de interés son realmente bajos; del 0 al 0,25% para los fondos de la Reserva Federal, 2,7% para los valores del Tesoro a diez años o por debajo del 4,5% para las hipotecas a 30 años. Pero pedir prestado, lo cual puede estimular la economía y causar un aumento de los precios, ya no es tan fácil debido al nerviosismo entre prestatarios y prestamistas, explica Zandi. “Es como el problema del huevo y la gallina”. Los grandes bancos tienen mucho dinero para dejar prestado, y cuando se sientan más confiados posiblemente flexibilicen los requisitos que han prácticamente imposibilitado que muchas personas pudiesen acceder al crédito.

Incluso el mercado de la vivienda está mostrando algunas señales de mejoría, sostiene Zandi. El precio de la vivienda ha caído hasta situarse donde debería estar en relación con los ingresos y las rentas. La construcción de vivienda es tan baja -niveles de la Segunda Guerra Mundial-, que la oferta de viviendas a la venta se irá reduciendo de manera gradual, contribuyendo a la recuperación de los precios.

Mauro F. Guillén, profesor de Gestión Internacional en Wharton, señala que el gobierno aún tiene que gastar parte de los US$787.000 millones que reservó en 2009 para estimular la economía, y que la administración Obama recientemente había anunciado US$50.000 millones adicionales a dedicar a infraestructura de transportes. Este gasto debería contribuir a la recuperación de la economía, aunque no muy rápido, señala Guillén. “Personalmente no creo que el riesgo de deflación sea tan elevado como cree mucha gente. Pero tampoco creo que vayamos a crecer al 3 ó 4%. Creo que tendremos un periodo de crecimiento relativamente lento que tal vez no sea suficiente para reducir el desempleo de manera significativa”. Altas tasas de desempleo deprimen el gasto.

El gobierno se enfrenta a un duro dilema; tiene que elegir entre gastar para estimular la economía o evitar que el déficit presupuestario y la deuda aumenten aún más.

Incluso si las batallas políticas no tuviesen influencia alguna sobre las políticas económicas, aún no estaría muy claro que decisiones habituales como reducir los tipos de interés contribuyan a la recuperación económica y a prevenir la deflación, advierte Allen. La deflación persiste en Japón a pesar de la política de bajos tipos de interés. De hecho, Allen cree que incrementar los tipos de interés podría ser mejor. Si los consumidores percibiesen que sus ahorros están obteniendo un rendimiento razonable, tal vez se sintiesen más confiados en relación con la situación económica y consumiesen más. Pero posiblemente la Reserva Federal no lo vea así. “No conceden suficiente importancia al hecho de que la gente que vive de los intereses está siendo duramente castigada por los bajos tipos de interés”.

Fuente: Universia Knowledge Wharton

La crisis del 29….. similitudes?

Quizás ya habéis visto el vídeo, la idea es reflexionar sobre los errores del pasado.
En la actual coyuntura estamos globalizados. Será esto una oportunidad o una amenaza?

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