Las doble crisis de España según Jesús Encinar

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“España vive dos crisis: una es la internacional, de deuda soberana y riesgo de divisas, que afecta a casi todos los países europeos”, dice Fernando Encinar, socio fundador y jefe de estudios de Idealista.com, empresa de corretaje inmobiliario on-line. “La otra es la crisis inmobiliaria, el despertar del sueño de que éramos ricos”.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida 2011, publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el ingreso medio anual por hogar lleva dos años bajando. Hay 545.300 hogares en los que nadie recibe ningún ingreso, casi 100.000 más que hace un año.

Esta crisis tiene además el signo de la impotencia. En las anteriores a España le bastó con devaluar la peseta, un mecanismo que ya no existe. Desde entonces la estructura económica del país ha cambiado completamente. La industria, que representaba un 35% del PIB en 1975, hoy pesa apenas un 12%. “Y la industria es lo que genera competitividad, I+D y patentes; España innova en servicios, pero no es lo mismo”, dice Rafael Pampillón, director del área de economía del Instituto de Empresa de Madrid.

Para el académico la crisis se explica por tres grandes desequilibrios: fiscal, laboral y de vivienda. A esto se agrega el déficit en cuenta corriente, que llegó al 10% del PIB. “Ahora está en el 5%. No importa porque no hay demanda, pero si se recuperase la economía este déficit volvería a crecer”, dice.

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¿Habrá corralito en la Eurozona? Semejanzas no faltan

El caso más cercano de corralito que tenemos es el que sufrió Argentina en 2001, así que lo tomamos como referencia para describir cómo se hace un corralito, además con la suerte que en el caso Argetnina no era un corralito simple (congelación de los depósitos bancarios) sino que iba unido a una quiebra en la deuda soberana del Gobierno, y a un cambio en la denominación de la moneda… una situación muy similar a la que podríamos vivir en Europa.

Vale la pena recordar como fue el corralito en Argentina, porque tiene bastantes similitudes con la crisis actual que están viviendo algunos países de la perifería europea. La historia os sonará bastante familiar.

Trato de haceros un resumen, y estaré encantado si algún lector Argentino me lo corrige:

-En 1991 Argentina sanciona la ley de Convertibilidad. De acuerdo a ella, se establecía una relación cambiaria fija entre la moneda nacional  Argentina con el dólar estadounidense, a razón de 1 (un) Dólar estadounidense por cada 10.000 (diez mil) Australes, que luego serían reemplazados por una nueva moneda, el Peso Convertible, de valor fijo también en U$S 1. El objetivo luchar contra la hiperinflación.

- A mediados de 1998 Argentina empezó a entrar en recesión económica.

- En 1999 el nuevo gobierno de Fernando de la Rúa se encontró con un elevado déficit fiscal dejado por el gobierno de Ménem, tomando severas medidas de ajuste para sanear las cuentas públicas.

-En el 2000 se decreta un fuerte aumento impositivo a las rentas medias y altas, el ajuste frena lo que parecía una tímida recuperación de la económica y sigue aumentando el déficit fiscal. Los bancos argentinos tenían una fuerte exposición en deuda soberana Argentina, el temor de un impago por parte del Gobierno empieza a mermar la confianza en los bancos. El romper la convertibilidad con el dólar sigue siendo un asunto tabú para el Gobierno.

- En marzo de 2001 se inicia la fuga masiva de depósitos bancarios. En enero de 2001 había depósitos por US$ 85.000 millones, para marzo se habían perdido más de 5.000 millones. Es decir se evaporá el 6% de la masa de despósitos en bancos argentinos. Para tomar una referencia desde Septiembre de 2009 en Grecia se han evaporado el 23% de la masa de depósitos en bancos Griegos.

- En  junio de 2001, el Gobierno Argentino pide ayuda al FMI, para aliviar la presión sobre la deuda externa Argentina. El FMI condiciona la ayuda a nuevos ajustes draconianos, la población Argentina empieza a expresar masivamente su descontento.Se acelera la recesión económica y la fuga de capitales.

- Julio 2001: Para intentar recuperar la confianza, el Gobierno Argentino promulga dos leyes, la primera la Ley del Déficit Cero, la segunda la Ley de la Intangibilidad de los depósitos, que básicamente decía que el Gobierno se obligaba a respetar los depósitos bancarios, es decir se auto prohibía por Ley el realizar un corralito.

- Octubre 2001: El desempleo llega al 18,3% de la población activa.

- Noviembre 2001: Los depósitos caen al nivel de los 67 mil millones USD, es decir una reducción del 21% en 7 meses.

- 3 de Diciembre 2001: El Gobierno Argentino promulga el Corralito. Básicamente consistía en que no se podía realizar retiros en efectivo que superen los 250 USD por semana y por titular y se prohibien las transferencias al exterior salvo las que se corresponsan con operaciones de comercio, sujeto a que las autorice el Banco Central de la República.

- Argentina hace default.

- Enero de 2002: EL CORRALÓN: Cómo habéis observado el corralito sólo implico una congelación de los depósitos. En enero de 2002 entra en escena el Corralón.

El Gobierno promulga la Ley de Emergencia Pública y Reforma del Régimen Cambiario que deroga la convertibilidad y pesifica los créditos otorgados por el sistema financiero.

Se establece el nuevo tipo de cambio oficial en 1,40 pesos por dólar US (devaluación del 30%) . Asimismo, el citado decreto reglamenta la pesificación de las deudas de las personas físicas y jurídicas de acuerdo al esquema de cambio de un peso ($ 1) = un dólar estadounidense (US$ 1).

Se produce la pesificación asimétrica:

  1. Todos los depósitos en dólares estadounidenses u otras monedas extranjeras existentes en el sistema financiero, serán convertidos a pesos a razón de 1,40 pesos por cada dólar USD, o su equivalente en otra moneda extranjera. La entidad financiera cumplirá con su obligación devolviendo pesos a la relación indicada.
  2. Todas las deudas en dólares estadounidenses u otras monedas extranjeras con el sistema financiero, cualquiera fuere su monto o naturaleza, serán convertidas a pesos a razón de un peso por cada dólar estadounidense o su equivalente en otra moneda extranjera. El deudor cumplirá con su obligación devolviendo pesos a la relación indicada.

Es decir si tenías un depósito con 1.000 USD, recibías 1.400 pesos. Si tenías un préstamos de 1.000 USD te lo convertían a un préstamo por 1.000 pesos. El problema es que en esos momentos el tipo de cambio peso dólar en el mercado estaba a 4 pesos = 1 dólar, es decir si alguién tenía un depósito con 1.000 USD en lugar de recibir 4.000 pesos, recibió 1.400 pesos.

En Diciembre de 2002 se pone fin al corralito.

Resumiendo:

Argentina aguanta unos 7 años desde que ancla su moneda con el dólar hasta entrar en recesión económica. Iniciada la recesión, pierde tres años tratando de realizar recortes, incrementos de impuestos y ajustes para paliar el déficit fiscal, lo que agrava la crisis. A los 3 años, ante la grave crisis económica, y creciente desconfianza y fuga de capitales, se ve forzado a decretar un corralito y un año después a abandonar la convertibilidad fija con el dólar.

Como podéis observar los tiempos, casualidad o no, coinciden bastante con los de España, en cuanto a época de bonanza después de entrar en el euro y posterior crisis económica…

¿La gran pregunta es? ¿Era necesario pasar estos 3 años de ajustes? Para los que necesitéis un mensaje optimista, en breve un post sobre como le ha ido a Argentina después de aplicar el corralito, hacer default y quita y salirse de la convertibilidad fija con el dólar.

Fuente información GurusBlog

Condicionantes del Comercio Internacional

En las condiciones de la crisis económica internacional un tema de máximo interés es el análisis de que repercusión está ocasionando en el comercio internacional esta crisis.

Por un lado la débil recuperación de las economías en los países desarrollados y por otro el debilitamiento del crecimiento de los países emergentes, hace pensar que la teoría del desacople se derrumba.

Y es que para que unos exporten otros tienen que importar.

En gran medida los esfuerzos de la Organización Mundial del Comercio se ven limitados porque los desequilibrios que condicionan el comercio internacional se mantienen.

Un crecimiento de los Acuerdos de Comercio Regionales no han minimazados los efectos de las condiciones desiguales entre las condiciones de partida entre uno y otros países. A saber:

  1. Devaluación unilateral de la monedas de los países
  2. Condiciones desiguales en el tratamiento de los costes internos especialmente los relacionados con los recursos humanos
  3. El resurgimiento de políticas de proteccionismo.

Entre otros. 

A continuación la presentación que sirvió de marco para un intenso debate en un MBA en EADA sobre el tema.

Si requieres más información sobre el tema no dejes de enviarme un mensaje.

 

Fuente: SerCompetitivosCom

Entorno Económico: Banxos Zombies

 

Bancos ZombiesSiguiendo con este hilo que se empieza a eternizar, nos encontramos con la situación en la que los bancos centrales pierden efectividad debido a que la caída del crédito supone la caída del multiplicador de forma que la cantidad de dinero en la economía, comienza a caer a pesar de que se inyecte dinero de forma masiva. De hecho las inyecciones masivas, lo único que logran es frenar ligeramente la caída monetaria.

Pero otro de los indicativos de que los bancos centrales pierden el control sobre el resultado final de la cantidad de dinero está en la aparición de un concepto acuñado en la experiencia de Japón, que es el famoso término de bancos zombis, nombre muy gráfico que nos indica una existencia de bancos que no pueden prestar dinero y que son mantenidos artificialmente por el resto de la economía.

Esta es una de las analogías más afortunadas que explican el mundo financiero y realmente la explicación técnica a la situación generada tampoco es demasiado complicada. Cuando un sistema financiero no financia, lo que nos encontramos es ante la misma situación que cuando las carnicerías no venden carne.

Por supuesto, si los compradores no pueden comprar carne, está claro que los clientes se están sacrificando, pero sin embargo, también nos encontramos con que las carnicerías pasan a ser algo que decora pero que pierde toda su utilidad.

La gran diferencia entre una carnicería que no vende y un banco que no presta, está en que mientras la carnicería tendrá que cerrar y el carnicero, socios y acreedores de esta, tendrán que apañarse, mientras que a los bancos, parece ser que existe alguna ley que nos obliga a salvarlos a toda costa, incluso aunque no tengamos un plan ni tan siquiera medianamente elaborado.

El sistema financiero, sin embargo es distinto, ya que es depositario de los ahorros de la sociedad y por supuesto es el que paga las pensiones en todos aquellos lugares donde nos encontramos con un sistema de capitalización privada o con los fondos soberanos invertidos en mercados financieros.

Es esta doble vertiente del sistema financiero la que realmente nos está ocasionando tantos problemas y es en esta situación la que provoca que los bancos centrales pierdan el poder sobre la cantidad de dinero en la economía.

Las entidades financieras pueden prestar dinero dedicándose a financiar a las empresas que intenten desarrollar una actividad y a las economías domésticas, (familias), o bien pueden invertir en determinados activos financieros de forma que mediante las técnicas de trading, pueden conseguir rendimientos sin asumir su función de financiación.

Mediante la primera de las opciones, se crea dinero en la economía y se logra que circule, mientras que mediante la segunda de las opciones, simplemente se especula con las distintas posiciones en los mercados para tratar de captar los recursos derivados de especulaciones en distintos mercados.

Si nos centramos en la primera de las opciones, que no es otra que financiar a la sociedad; debemos concluir que es la que da el nombre, el sentido y es la que es usada como instrumento de política monetaria. Una conclusión que debemos tener clara es una conclusión muy evidente del sistema de creación de dinero; recordemos que la cantidad de dinero en la economía es igual al multiplicador monetario multiplicado por la base monetaria.

El hecho de que el multiplicador monetario se reduzca, implica necesariamente la reducción de la cantidad de dinero en circulación y desde luego la brecha entre la base monetaria y la oferta monetaria.

La primera conclusión es clara; los beneficios derivados del préstamo tienen que caer sin remisión, debido a que en resumen, los beneficios son los márgenes de los préstamos por el importe de préstamos concedidos.  Por tanto la banca comercial, en una situación de caída de la actividad de financiación, sufre por el lado de los préstamos concedidos, (en la situación de que la carnicería no vende carne). Por supuesto, esto puede ser compensado de alguna forma incrementando los márgenes, (ganando más a cada euro), pero dicha situación solo puede ser mantenida mientras se sostengan a las entidades, y no es sostenible, ya que la subida de los tipos que aplican a las operaciones, implica que se profundizará en la caída del multiplicador, de forma que se entra en un círculo vicioso, en el que el multiplicador cada vez es menor.

Para entender lo que significa esto, debemos tener en cuenta que un multiplicador 1 significaría que la base monetaria es exactamente igual a la oferta monetaria, y sería una situación en la que el sistema financiero no existiría en su faceta de creación de dinero. Es decir, significaría que ningún banco presta dinero. O lo que es lo mismo, significaría que el sistema financiero dejaría de existir.

¿Qué esquemas se han de aplicar para parar este proceso?. Pues es simple, se trata de parar este proceso que implica que tanto las entidades como la economía en su conjunto se va irremisiblemente al desastre. Y en este sentido es en el que surge en su día la ley Glass-Steagall, que establecía la separación de la banca de negocios y la banca comercial. Los fundamentos de una ley que duró tanto tiempo son más que evidentes, por mucho que ahora nos olvidemos. El primer motivo o consecuencia de esta separación es que la banca no puede salvar sus cuentas eligiendo entre dos alternativas que son la de actuar como un sistema financiero y a la vez como inversor.

Esta distinción obliga a posicionarse a cada entidad, de forma que incrementa la presión por las soluciones. Uno de los problemas que tenemos para la reactivación del crédito es que las entidades no necesitan reactivarlo para generar sus beneficios, al sustituir esta actividad por la de trading. Sin embargo, el efecto secundario de esta táctica es la desaparición del sistema financiero como tal y los bancos zombis, en el sentido de que no van a tratar de tomar ninguna decisión que contribuya a la normalización del sistema financiero. La obligación de la separación de las entidades, implica que aquellas entidades que se encuentren en el sistema financiero, tienen que desconectarse del sistema financiero para acoplarse a la economía real.

Otro de las razones que justifican esta ley, es la asimetría entre los intereses y medidas, si analizamos el ámbito al que se dirigen. Esto es sencillísimo, si pensamos en las dos partes de las entidades; Pensemos en las peticiones que nos encontramos y comprobamos que son completamente incompatibles. Si una entidad vive de los préstamos a los clientes o a las empresas, tendrá claro que si se acuerda una bajada de sueldos, una liberalización de mercado de trabajo, (que conducirá a una bajada de sueldos), o bien una caída de las pensiones, (o simplemente que esto se proponga), una subida de impuestos a las personas, la laxitud en defensa de los consumidores, o una bajada de precios generalizada en la economía, supone un mayor problema para el pago de préstamos, y por supuesto una reducción generalizada de la capacidad de endeudamiento, lo cual les lleva a no pocos problemas.

En cambio, las mismas medidas proporcionan un efecto totalmente contrario en los mercados financieros, ya que todas ellas, acompañadas de políticas de oferta, implican un incremento en el valor de los activos financieros, (que es lo que interesa en este caso).

La separación de las dos actividades de la banca, genera la aparición de dos lobby con intereses contrapuestos, ya que por un lado unas entidades actúan como financiadoras y las otras como inversoras.

La unión, (o derogación de esta ley), lo que implica es que lejos de tener a dos grupos con intereses contrapuestos que luchan por un equilibrio, (necesario para la economía), lo que se consigue es exactamente lo contrario y una de las actividades va perdiendo poco a poco importancia, porque las entidades eligen cual de las actividades han de sacrificar. Desde la propuesta de decisiones, a la presión para las normas, a las peticiones de medidas a tomar para solucionar la situación, se ven afectadas por esta situación; además del detalle de que se consigue mucha más munición para la especulación de forma que se favorecen implícitamente a la banca de inversión, frente a las actividades financieras.

Por supuesto, el problema es que en este caso convive un deterioro de la economía, (derivado tanto de las medidas propuestas, como de las condiciones de financiación), con una mejora de los mercados financieros, de forma que llega un momento en que los mercados financieros están en una situación irreal, que se llama burbuja y de la que sólo se puede salir mediante burbujas sucesivas que se tienen que encadenar.

Por supuesto, con todos los apoyos se puede mantener durante un tiempo, un sistema financiero que no financia, y que a su vez mantiene unos beneficios, que no proceden de la creación de actividad económica, sino que se detraen de esta. Sin embargo, lo que no parece entender nadie es que las burbujas nunca se pueden mantener y solo hay una duda; ¿Cuándo estallan?.

Fuente: Rankia

 

Entorno Económico: Consecuencias de la quiebra de Gracia

 

A nada menos que un escalofriante 98 por ciento se elevaba ayer a media mañana el cálculo que los mercados hacían de las posibilidades de que Grecia tire la toalla y se declare en quiebra. Así lo aseguraba la influyente agencia de noticias Bloomberg.

 

La rentabilidad que los inversores exigían al bono griego a diez años coqueteaba con el 25 por ciento, y se disparaban hasta alrededor del 75 por ciento los intereses para aceptar papel heleno a dos años. La única alternativa a la quiebra en la mente de los operadores parecía ser que Atenas se desgajará del euro y volviera al dracma. Ambos supuestos implican adentrarse en territorios inexplorados.

¿Quebrar o apearse del euro?

Apearse del euro por voluntad propia o tras ser expulsado es una posibilidad que no contempla la legislación europea. Es un supuesto además rechazado sistemáticamente por el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea cada vez que países como Alemania u Holanda han agitado tal fantasma desde el inicio de la crisis de la deuda pública en Eurolandia.

Quebrar, al menos de manera organizada, sí ha terminado de ser eufemísticamente aceptado dentro el universo del euro: se ha rebautizado como pedir una contribución al sector privado. La versión definitiva y perenne del fondo de rescate de la UE cuya entrada en vigor está prevista a mediados del año que viene, se contempla que los países cuyo cúmulo de deuda pública sea insostenible impongan una quita (un perdón parcial de lo que deben) a los titulares privados de su deuda pública: bancos, fondos de pensiones, fondos de inversión, aseguradoras, etcétera.

Y uno de los elementos del acuerdo de los países del euro alcanzado el pasado mes de julio para poner en marcha un segundo plan de Grecia consiste en que la banca acepte una quita supuestamente voluntaria del 21 por ciento, contribución al rescate que se valora en unos 135.000 millones de euros entre ahora y el año 2020.

La salida de Grecia del euro, por propia voluntad o por tarjeta roja, necesitaría de una complicadísima negociación para improvisar un mecanismo que, como el fondo de rescate, los padres del euro se obstinaron con o sin razón en plantear. Habría que reformar elTratado de Lisboa, en vigor desde finales de 2009, que prevé que un Estado se descuelgue de la UE, pero no de la moneda única.

Ese tipo de negociaciones precisan de un acuerdo unánime de las capitales -no todas quieren abrir la caja de los truenos no vayan a terminar tronando sobre su cabeza- y duran años hasta que cada Gobierno obtiene lo que desea. Sin olvidar que habría Estados que tendrían que someterlo a referendum. Demasiadas incertidumbres, que siempre se traducen en costes.

Nadie se va ni quiebra gratis

Según un informe de UBS citado por elEconomista el pasado 7 de septiembre, si un país en apuros abandonara el euro sufriría costes de entre 9.500 y 11.500 euros por habi-tante durante el primer año, el equivalente a entre el 40 y el 50 por ciento de su Producto Interior Bruto (PIB). En los años siguientes, los costes anuales por cabeza rondarían los 3.000 o los 4.000 euros.

Si fuera un país del tamaño y la fortaleza de Alemania el que se hartara de compartir su destino monetario, el coste por habitante sería de entre 6.000 y 8.000 millones de euros el primer año, el equivalente a alrededor del 20 o el 25 por ciento de su PIB. Factura anual que luego se abarataría a entre 3.500 y 4.500 euros. Por el contrario, el precio de saldar completamente el conjunto de las deudas públicas de Grecia, Irlanda y Portugal apenas supe- raría 1.000 euros por ciudadano de la zona euro.

Los países que vuelvan a acuñar moneda propia deberían soportar una brutal devaluación, lo que implica una multiplicación exponencial de su deuda pública contraída en euros, como ocurrió al inicio de la actual crisis global en los países del Este de la UE que se habían endeudado en euros y francos suizos. Multiplicación que los volvería a colocar al borde de la bancarrota y sin el apoyo de sus socios del euro. Aunque con margen dentro de lo que acepten los mercados para que sus bancos centrales desarrollen su propia política monetaria.

Y si Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España abandonaran el barco, exportadores como Holanda y Alemania dejarían probablemente de ver su competitividad dopada por la depreciación en curso de la moneda única que, al perder el lastre periférico, aunque se depreciara a corto plazo, a largo se adentraría en una larga senda de alcista.

El sistema bancario de un país que abandone el euro se desmoronaría ante la imposibilidad de acceder a financiación a precios abordables, víctima de una repatriación de capitales de los inversores y prestamistas extranjeros. Y su Estado le abonaría la deuda en la nueva y depreciada moneda nacional.

Los bancos e inversores de la zona euro con intereses en el país que haya abandonado Eurolandia tendrían que apuntarse pérdidas en función de su exposición. Habría un reguero de quiebras y reestructuraciones bancarias, y las empresas y los hogares, sobre todo los del país en retirada, afrontarían una dura restricción del crédito.

Vuelta al proteccionismo

Frente a quienes dicen que Grecia restauraría la competitividad de su economía si vuelve al dracma y devalúa su moneda, sus salarios y sus precios hasta emparejarse con Turquía, están los que advierten que sus antiguos socios del euro podrían contraatacar subiendo los aranceles aduaneros y abortando sus esperanzas exportadoras.

Por mucho que se haya culpado al euro de proporcionar tipos de interés bajos y dinero barato que recalentaron la economía y alimentaron burbujas inmobiliarias como la española y la irlandesa, fuera de la moneda europea los tipos de interés se elevarían, y lastrarían el consumo y las inversiones.

La inflación tampoco se solucionaría. La depreciación de la divisa nacional del país que deje el euro encarecería las importaciones -España es un país muy dependiente de las importaciones energéticas-. Y su banco central pondría a funcionar a pleno rendimiento la máquina de imprimir billetes para monetarizar la deuda.

La combinación de todos los factores citados lastraría el crecimiento económico y por tanto la creación de empleo. La distancia entre recesión y depresión sería escasa. Y las probabilidades de terminar quebrando tras el esfuerzo por abandonar el euro, muy elevadas.

Visto que salir del euro sería un vía crucis, la tentación más inmediata puede ser la de quebrar dentro de la zona euro. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el dinero tiene pies de gacela y memoria de elefante.

En cuanto huelen el peligro, los inversores huyen como gacelas, como le está ocurriendo a Grecia en particular, pero también a la banca europea en general. Y el mal trago lo recuerdan durante años como elefantes, así que tardan en recuperar la confianza y volver a ofrecer financiación con normalidad y precios asumibles a quien suspendió pagos.

El problema de la fuga de capitales no se limitaría al país en quiebra, Grecia posiblemente. Los mercados huirían en estampida del resto de los eslabones débiles de la moneda única-Irlanda, Portugal, España e Italia- dada la incapacidad de la zona euro de prestarles ayuda y resolver sus problemas.

El impacto de la caída de Grecia, que apenas representa el 2 por ciento del producto interior bruto (PIB) europeo sería tan insignificante como la picadura de un mosquito a un paquidermo. Si no fuera porque sería una picadura infectada y contagiosa que arrastraría a países demasiado grandes como para dejarlo caer, pero también demasiado grandes como para poder rescatarlos como España e Italia. Y en tal caso, la infección se generalizaría a lo largo y ancho de la actualmente débil economía global.

Un Estado en bancarrota es un Estado incapaz de pagar sus deudas no sólo al impopular sistema financiero, sino también a las empresas nacionales que le prestan servicios, a las que le venden bienes, a la banca nacional que ha comprado bonos públicos; de abonar los sueldos a los funcionarios, las pensiones a los jubilados y los subsidios de desempleo a los parados; y de realizar inversiones y mantener servicios públicos como la sanidad y la educación que favorezcan la cohesión social.

Resultado: el impago de las Administraciones públicas es la antesala de una cadena de quiebras de bancos y de empresas en territorio nacional y, dada la integración del mercado europeo, más allá de las fronteras. La depresión nacional y la explosión del desempleo están casi garantizadas, y el contagio exterior también. El duro proceso de ajuste a la baja de precios y salarios para recuperar la competitividad nacional sería aún más duro y abrupto. Aunque su acierto sea discutible, si los líderes europeos llevan meses dando vueltas a como evitar estos escenarios, es por algo. El ajuste es inevitable, pero su brutalidad puede limitarse.

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